Opinión
El fin del binomio ‘Autónomo - SL’

Imagen de archivo.
La figura del autónomo ha sido y sigue siendo el punto de partida para muchas personas a la hora de iniciar una idea de negocio y, a pesar de la fragilidad manifiesta de la figura, en muchas ocasiones ha sido también destino final de muchos negocios y comercios. Sin embargo, hoy se detecta un cambio de tendencia ante la necesidad de hacer crecer o fortalecer una empresa.
Tres de cada cuatro nuevos autónomos en nuestro país han optado por crear una sociedad en lugar de hacer la guerra por su cuenta. Según el último informe de la Federación de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), entre el primer trimestre de 2021 y abril de 2025, el 75 % de emprendedores priorizaron la protección jurídica, la fiscalidad o la forma de gobernanza a la hora de poner en marcha su proyecto empresarial.
Estos datos demuestran que hay un cambio de patrón en la cultura del autoempleo en España y que evoluciona hacia modelos empresariales más complejos. Y es que la realidad del mercado también es más compleja hoy que hace cinco, diez o veinte años y es conveniente contar con una estructura empresarial que limite la responsabilidad, que permita compartir riesgos, sumar talentos, y, ojo, que sea flexible para adaptarse a los cambios.
Hasta hace bien poco, el mapa de opciones estaba ampliamente copado por la figura del autónomo y por la SL. Pero, que lo habitual en el mundo empresarial o a la hora de poner en marcha una idea de negocio ha sido constituir una SL o partir como autónomo, no significa que sea siempre lo mejor. De hecho, no lo es para muchas personas.
Pues bien, el foco del emprendimiento ha comenzado a abrirse a otra alternativa que no es nueva, pero que está desaprovechada. La cooperativa de trabajo es una forma jurídica societaria como lo es la SL, y sirve para emprender cualquier actividad empresarial. Pero, a pesar de ofrecer más ventajas que la SL, se prescribe menos por parte de los despachos profesionales, porque existe un desconocimiento bastante amplio al respecto al haber sido menos utilizada hasta hace poco.
Si lo que se busca a la hora de emprender o de hacer crecer un negocio es una fórmula societaria que limite el riesgo al capital aportado, pero que, al mismo tiempo, favorezca una participación igualitaria en la toma de decisiones, la entrada de nuevos integrantes, trabajo horizontal y una flexibilidad y capacidad de autorregulación como pocas, la cooperativa de trabajo es la opción más adecuada. Para entendernos, estableceré un símil: crear una SL, igual que hacerse autónomo, es comprarse un traje de confección: es barato, le encaja a la mayoría, en cualquier asesoría lo encuentras sin problema - porque como es lo que más se vende, todos lo conocen bien- y es lo que sale más barato y rápido de constituir.
Pero todos sabemos que lo barato y rápido no siempre es lo mejor. Puede ser cómodo de inicio, sí, pero, ay, cuando empiezas a llevarlo y empieza a tirarte de la sisa, entonces, desearías haber comprado un traje a medida. Uno de esos que, quizá es más laborioso de hacer, pero que, al vestirlo, se ajusta perfectamente a lo que necesitas y deseas hacer con él. Además de estar preparado para el caso de que engordes o adelgaces en alguna ocasión. Y sabes que eso pasa.
Pues bien, la cooperativa de trabajo es un traje a medida que permite a sus integrantes establecer a la carta el marco regulatorio en que va a desarrollar su actividad, conciliando las necesidades del servicio con las de las personas socias, trabajadoras y la de la comunidad a la que se dirige: decidir sus condiciones laborales, de conciliación, marcar sus retribuciones, etc. Y esto permite una flexibilidad a la hora de adaptarse a las fluctuaciones del mercado que, a su vez, es lo que ha permitido y permite a las cooperativas estar a las duras y a las maduras, de manera que la consigna siempre sea mantener el empleo en las mejores condiciones posibles.
Y yo añadiría que el auge de las cooperativas como opción de autoempleo colectivo muestra que el emprendimiento en España también se está impregnando de valores sociales. Todos esos principios que hoy se reivindican en diferentes ámbitos: sostenibilidad, participación democrática, igualdad, responsabilidad con el entorno, triple impacto, forman parte del ADN del cooperativismo. Y la noticia es que aplicarlos en la práctica empresarial es rentable.
Las cooperativas demuestran que actuar con la vista puesta en los beneficios no requiere olvidarse del compromiso social de la empresa. Al contrario, las cooperativas demuestran que otro modelo es posible, quizá mejor, si queremos seguir conservando el planeta, nuestro entorno, en condiciones de vida aceptables para nuestra generación y las que nos siguen.
Por tanto, la cooperativa quizá no sea un modelo de empresa para todo el mundo, pero sí es una alternativa muy válida y, en muchas ocasiones, sí es más ventajosa. De hecho, son muchas las personas que tras haber creado una SL y conocer las características de las CTA no han entendido por qué su asesoría no le había mencionado su existencia. Por tanto, antes de decidir, es mejor conocer todas las opciones.
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