Opinión | Bolos
El aviso de la Fontana di Trevi
El sector hostelero valenciano anuncia que la temporada alta se extiende durante casi todo el año, un fenómeno que plantea desafíos como el turismo low cost y la sostenibilidad

Turistas por el centro de València. / Miguel Ángel Montesinos
Como el Athletic Club vuelve esta noche y todavía comparte con el Valencia esa clásica condición de equipo bronco y copero, me he acordado de una pedagógica conversación sobre la calidad del turismo que nos visita con un taxista. Me dibujó, como quien lanza un penalti, la realidad hace tan solo unos meses. "Que se dejen de regatas veleras, Fórmula 1 y de concursos hípicos, porque cuando más trabajamos es cuando hay un partido de fútbol importante", me aseguró. Y remató con la confesión de que no había trabajado tanto en su vida desde aquella final de Copa entre el Athletic y el Barça en Mestalla. Este mayo se cumplirán 17 años de aquello.
Me viene esa conversación a la cabeza, además del partidazo de hoy, porque nuestro sector hostelero acaba de anunciarnos que, en València, estamos de temporada alta ya casi todo el año. No hace falta irse a Venecia para entender la invasión del turismo low cost: basta con pasearse por el centro. Pero aviso a navegantes: el Ayuntamiento de Roma ya cobra dos euros por acercarse a la Fontana di Trevi y lanzar la moneda del deseo y, tras una ardua polémica, la medida ha sido muy bien recibida por los empresarios turísticos de la Ciudad Eterna. Permite una visita más sostenible y, además, protege los monumentos históricos de la avalancha, aseguran en los primeros días de la iniciativa.
En la factura del sol y playa, todavía nuestro mayor escaparate, hay que incluir agua, energía, limpieza, vivienda y convivencia. Y también un clima que ya no se comporta como el socio fiel que fue, porque ahora los temporales se comen playas y descolocan calendarios, con semanas enteras de incertidumbre. Mientras el calor estival es sahariano.
Desestacionalizar puede ser magnífico para la economía o puede descomponer un modelo que ya va justo. El futuro de la principal industria del país depende de cómo entran los visitantes y de qué dejan (además de euros). Sigue sin resolverse la ecuación entre turismo sostenible y turismo de “todo incluido”. Porque calidad es preferir valor a volumen, repartir flujos, invertir en las comarcas del interior, cuidar más y mejor l’Albufera, profesionalizar servicios y ordenar el lío de los apartamentos sin control.
Hay demasiado en juego. Así que, si la temporada baja desaparece, perfecto. Pero que no desaparezca también el sentido común.
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