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Ofensiva tecnológica

Pedro Sánchez ha anunciado la prohibición a los menores de 16 años del uso de redes sociales

Pedro Sánchez ha anunciado la prohibición a los menores de 16 años del uso de redes sociales / H.Bilbao - Europa Press

El algoritmo ha mutado. Ya no se trata de las preferencias de cada cual, sino de las impuestas por quienes dominan el espacio virtual. Ahí es donde reside la clave de una manipulación que va más allá de la intención publicitaria, con fines consumistas. Se instala directamente en la creación de estados de opinión. Algo que, por otro lado, resulta imposible desligar del auge de la extrema derecha actual. Esto ocurre en un ecosistema que ensambla la tecnología, la política y el poder con maestría. Los efectos de todo ello se reflejan en el cambio social que avanza hacia una zona de peligro.

El presidente del Gobierno anunció hace unos días que en España se prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de dieciséis años. Una medida valiente y, en mi opinión y a pesar de su complejidad, necesaria. Entre otras cosas, porque los menores constituyen el segmento más vulnerable frente a la manipulación. Es imposible negar la connivencia de Donald Trump con los líderes tecnológicos y, a su vez, la agresividad de estos hacia las políticas regulatorias de la Unión Europea y de sus Estados. Como lo ha sido el inaceptable ataque a Pedro Sánchez por parte del dueño de X, Elon Musk, y el cofundador de Telegram, Pavel Durov. ¿Con qué autoridad se atreven a interferir en la soberanía y en la capacidad legislativa de un país? La respuesta es sencilla: la que les da la borrachera de poder en la que viven.

Las redes sociales no son un espacio inocuo. Más allá de las posibilidades de conexión e interacción que ofrece, hay una realidad cuyo impacto negativo afecta sobre todo a los más jóvenes. Entre ellos, su capacidad adictiva, su influencia en la disminución del rendimiento académico, su exposición pública con la consiguiente pérdida de privacidad o, en casos más extremos, el ciberacoso. Por otro lado, un ejemplo que sirve para entender su influencia en la configuración de la opinión es el blanqueamiento de la dictadura franquista. Pueden verse numerosos vídeos y memes banalizando al dictador, a menudo incluso de forma graciosa, que el algoritmo se encarga de amplificar. La respuesta la da la demoscopia: crece el porcentaje de jóvenes que consideran que la dictadura no fue tan mala. La ofensiva tecnológica es potente. Atender a este fenómeno y afrontarlo con medidas claras y contundentes es tan acertado como necesario.

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