Opinión | Bolos
Torrent, entre Sant Blai y el milagro
La Fira con el PP de Amparo Folgado y Pérez Llorca, PSPV siempre en clave interna, Vox al alza y Compromís fracturado, con vivienda y Metrovalencia como telón de fondo

Susana Camarero, Amparo Folgado y Juanfran Llorca, en la Fira de Sant Blai de Torrent. / Miguel Angel Montesinos
El zumbido mediático madrileño puede resultar tan contraproducente como una cordà a las puertas del Palau. Torrent, capital de l’Horta Sud, roza los cien mil habitantes y ha ejercido una influencia notable en la política valenciana desde la temprana democracia cristiana valencianista hasta un PSPV de acento comarcal, pasando por el trampolín que supuso para María José Catalá. Ciudad situada en la zona cero de la dana, crece al ofrecer una calidad de vida percibida como superior a la del Cap i Casal, mientras intenta preservar rasgos propios en plena área metropolitana, como la Fira de Sant Blai.
En ese día casi de fiesta mayor, el almuerzo de los grupos municipales marca las primeras horas. Y la compleja aritmética electoral del consistorio deja pistas claras porque en 2023 vencieron los socialistas, pero PP y Vox sumaban mayoría absoluta hasta que el cabeza de lista de la papeleta de Abascal rompió la disciplina ultra, tensó el tablero y llegó a flirtear con una moción de censura inviable junto a PSPV y Compromís.
La alcaldesa Amparo Folgado afronta el tramo final del mandato arropada por Vicent Mompó y Juanfran Pérez Llorca, que debutaba como president en la cita. Los populares de Torrent —acompañados por miembros del Consell, la vicepresidenta de la Diputación, Reme Mazzolari, y diputados de las Corts y del Congreso— exhibían el optimismo propio de quien gobierna, aunque con plena conciencia de que el malestar por la crisis de la vivienda y un transporte público deficiente, con Metrovalencia en el punto de mira, puede ser decisivo en la próxima convocatoria en las urnas. Llorca, además, pudo comprobar a pie de calle que la tensión que generaba la presencia de Carlos Mazón se ha disipado en poco más de un mes.
La oposición, a la defensiva
A escasos metros de donde el PP celebraba Sant Blai gloriós, el Salón de la Caixa, junto al ayuntamiento, acogía los almuerzos del PSPV, Vox y los seguidores de una de las dos concejales de Compromís, enfrentada a su compañero de candidatura, con una asistencia escasa, quizá porque Baldoví y la dirección se habían refugiado en el bar de enfrente.
Lo más llamativo fue la reunión socialista, oficiada por el histórico Jesús Ros, que empujó hasta donde pudo la imposible censura contra Folgado. Rodeado de alcaldes de l’Horta Sud y cuadros del partido, hilvanaba un discurso tan gastado como el de después de Carlos Fernández Bielsa, mientras chirriaba el exceso de masculinidad en una agrupación cuya secretaría general ocupa una mujer y que ganó por dos votos a la otra candidata.
La distancia entre la renovación que pretenden imprimir Diana Morant, Pilar Bernabé y Rebeca Torró —también en lo estético— y la realidad orgánica es tan evidente que la resistencia de algunos barones locales se convierte en el mayor obstáculo interno para la ministra. Y no es un problema generacional, pues algunos ediles jóvenes que aplaudían a Ros exhiben un relato más anquilosado que el del propio exalcalde.
Vox, ambiente y expectativas
Una ligera puerta plegable separaba las mesas socialistas de la convocatoria de Vox. Allí había más público, más mujeres y, sobre todo, mejor ambiente. En mayo de 2023 obtuvieron cuatro concejales (de 25), fueron tercera fuerza con el 14,15% de los votos, lejos del PP (33,28%) y del PSPV (37,53%). Sin embargo, sus sondeos internos apuntan a un crecimiento relevante en Torrent, con un acercamiento a los populares de Folgado.
Según sostienen los voxistas, no sufren ningún castigo por la deserción de su antiguo cabeza de lista y aseguran que pueden presentar al candidato que quieran porque lo que empuja es la sigla, no el alcaldable. Una lectura que coincide con las tendencias que recogen todos los estudios demoscópicos en el ámbito autonómico y estatal.
En paralelo, hoy se vota en Aragón y todo indica una subida de Vox que complica la pretendida mayoría absoluta del PP y deja al PSOE en una deriva incómoda con la candidata elegida por Pedro Sánchez. Sea cual sea el desenlace, la foto fija presionará a Núñez Feijóo —cada vez con más dificultades para cerrar la hemorragia de votantes hacia Abascal— y también a esos dirigentes socialistas silentes a los que ya no les entusiasma esa estrategia de Moncloa que castiga al PP alimentando a Vox.
El comportamiento electoral aragonés se parece al del conjunto de España, del mismo modo que Torrent se asemeja a la Comunitat Valenciana. Vox no necesitaba la presencia de Abascal en Sant Blai, su sombra estaba presente. Folgado se mostraba radiante junto al president de la Generalitat, que reivindicó con orgullo su apellido Pérez. La fractura de Compromís provocaba tristeza y el PSPV hasta renunció al tradicional paseíllo por la Fira que culmina con el ungüento de aceite bendecido en la garganta para prevenir resfriados.
Y, aunque era martes, la jornada ofreció un homenaje a García Berlanga y a su monumental Los jueves, milagro, película que cumplirá 70 años en mayo del 27.
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