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Director de Levante-EMV

El prólogo valenciano de Aragón

El escenario en la Comunitat Valenciana, donde Vox supera el 20%, se convierte en decorado por la pelea por la Moncloa

Mitin del PSPV-PSOE con Leire Pajín, Pilar Alegría, Diana Morant y Sandra Gomez.

Mitin del PSPV-PSOE con Leire Pajín, Pilar Alegría, Diana Morant y Sandra Gomez. / Loyola Pérez de Villegas / LEV

Todos los resultados electorales se pueden extrapolar —faltaría—, pero sin confundir el mapa con el territorio. Igual que en las encuestas lo relevante son los microdatos, en las urnas lo decisivo es el contexto. Y hoy, los veredictos son cada vez más volátiles y la política autonómica se ha convertido en un decorado.

Aragón, como antes Extremadura y como pronto Castilla y León, comparten un mismo denominador donde sus debates propios pesan poco porque la pelea real es por la Moncloa. Lo saben bien en el Partido Aragonés (PAR), que ha quedado fuera de juego incluso agitando su bandera fetiche del trasvase del Ebro. Algunas discusiones han caducado, y Vox ya no necesita fingir moderación ni esconder el programa.

Conviene mirar al PP, porque lo de Sánchez no es un misterio: ir perdiendo y, de paso, hinchar a Abascal para venderse como dique imprescindible. Feijóo sigue sin encontrar la fórmula de frenar a Vox mientras desgasta a Sánchez, porque la operación sale al revés. Se aparta del centro para pescar socialdemócratas desorientados y, a la vez, entrega a Abascal la bolsa entera del antisanchismo.

Con otro giro importante: Abascal ya no depende del viejo ecosistema madrileño —empresarios, terminales mediáticas y redes eclesiales—; ahora bebe directamente de la órbita de los tecnoligarcas que financian y amplifican el trumpismo. Vox está instalado en el mundo MAGA, donde el enemigo no es solo Sánchez, es la democracia liberal europea.

De la autoencuesta de Compromís, publicitada días antes, solo vale un dato: Vox supera el 20% en la Comunitat Valenciana. Y Juanfran Pérez Llorca lo sabe, pues si el escenario fuera otro, el PPCV ya habría entrado en el carrusel electoral de Feijóo. Mientras tanto, Baldoví puede intentar capitalizar el pequeño subidón de la Chunta —alimentado por el desencanto socialista—, pero en el PSPV deberían estar inquietos, porque la candidatura de Diana Morant se sostiene cada día menos mientras se alargue la agonía de Sánchez en la Moncloa.

Y esa minoría wokista que va encadenando derrotas sigue siendo el mejor departamento de propaganda de Vox. Porque no hay nada que movilice más al reaccionario que un adversario caricaturesco empeñado en darle la razón.

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