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Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)

Insinceridad política y redes sociales

Archivo - Socidrogalcohol cree que vedar las redes a menores de 16 puede proteger su salud mental

Archivo - Socidrogalcohol cree que vedar las redes a menores de 16 puede proteger su salud mental / SEMG - Archivo

Una de las muchas tragedias de la política española es la insinceridad de gran parte de las decisiones e iniciativas que se lideran. Por higiene mental, siempre conviene recurrir a la filosofía de la sospecha e intentar atisbar la trastienda política de lo que se afirma. Acudir al contexto y al momento preciso de por qué se dice lo que se dice, ahora y no antes. En su juventud, Ortega escribió un ensayo, “Pío Baroja: anatomía de un alma dispersa”, en el que define la sinceridad como una forma de valor y coraje como búsqueda honesta de la autenticidad y de la verdad. Presuponer esta virtud en la política actual es mucho presuponer, pero sí una obligación moral en un tema tan importante y sensible como la limitación y la prohibición de los menores a las redes sociales. Estamos ante un cambio de paradigma, un antes y un después en la forma de concebir la realidad, la historia y la percepción de nosotros mismos. Todo ello se profundiza y se adentra con más virulencia en la infancia y en la adolescencia. Estamos, pues, ante un tema de Estado donde no se pueden permitir bajo ningún concepto el aprovechamiento y la utilización espuria del asunto porque hay víctimas y mucho sufrimiento detrás.

Cuando Pedro Sánchez anunció a bombo y platillo limitar el acceso a las redes sociales a menores de 16 años, estaba haciendo, por desgracia, lo que acabamos de describir. Esto no es nada nuevo porque es una medida que ya se contempla en la ley de protección de los menores en entornos digitales que está tramitando el Congreso desde el Ministerio de Juventud e infancia. El PP planteó en diciembre una enmienda al mismo texto pidiendo expresamente la prohibición a menores de 16 años y establecer horarios de descanso digital. Aquí hay un gran consenso para que se abra el debate a las familias, a los centros educativos, a psicólogos, sociólogos, técnicos en redes sociales y profesionales de la salud. Estado y sociedad civil tienen que liderar todo ello. Ahora bien, ¿por qué recuperar ahora un tema en que se está trabajando ya y en el que hay consenso? Muy fácil. Aconsejo al lector que haga un ejercicio de memoria. Cuando arrecian en el horizonte hecatombes electorales Sánchez es experto en introducir un marco nuevo para contrarrestar sus fracasos y apuestas electorales.

¿Qué marco ha abierto? La tecno casta. Aprovechar un tema de primer orden y de necesidad urgente para situarse ante el tablero mundial como el defensor de los derechos de la infancia, de los pobres, porque necesitamos de papá Estado para que nos protejan de los CEO tecnológicos. No ha perdido ni un minuto en erigirse como el adalid de la salvación de los más débiles: “Deja que los tecno oligarcas ladren, Sancho, es una señal que cabalgamos hacia una democracia digital segura”. Qué casualidad. Sánchez es un experto en ensordecer, a través del ruido mediático, la fiscalización de su gestión. El recurso al adversario externo ya es una constante: ‘señores con puro’ (jueces), ‘los poderosos’ (todos menos él), ‘el lobby de las energéticas’ (forma parte de su gestión), ‘los billonarios de Marte’, ‘ultraderecha’ (sus pactos con Juns en inmigración), ‘fachosfera’ (aquellas personas que no pensamos como él), ‘pseudomedios’, ‘bulos’ y ‘máquina del fango’ (medios que no le bailan el agua).

Los tecno oligarcas es un recurso más de insinceridad para evitar profundizar y legislar cuestiones nacionales desde posiciones polarizadas y así evitar el debate y el entendimiento de la sociedad civil. Tomemos nota.

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