Opinión
No consiguen que muera

Vandalizan un mural de Lorca en Zamora. / EFE
Lorca me viste el corazón. Espero la reacción de la gente con la que me cruzo. Nadie me dice nada y casi mejor porque la cultura, la empatía o la nostalgia son silenciosas pero el odio brama. Cuando paso, vestido de domingo, dejo una frase que huele a presagio: En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida.
Me encontré, paseando por la ciudad, un “Poeta en Nueva York” a un euro. No lo compré y me arrepentí sin remedio. Después entendí que Federico vivía en casa desde antaño. Él soy yo, su simiente útil habita en mí y es su lucha acorralada la que me levanta cada mañana. Tiene habitación en casa, habita allí donde se sueña de día un futuro de esperanza.
Vandalizan un mural dedicado al poeta granadino en el mirador del Troncoso de Zamora. Pintadas homófobas. A Federico no le importa. Él ganó. Pero sus herederos mascullan tristeza. No entienden qué no entienden, no entienden tanta animadversión, tanto odio, tanta herencia de opresión. O sí entienden y por eso siguen en pie. Entienden que su voluntad destructora es miedo. Lorca les da aprensión porque era y es albor, es un mundo nuevo, es alimento de revoluciones. Es la respuesta a preguntas que vendrán, a las revueltas del mañana.
A Lorca, a su mural, le escriben “marica”, “perdedor” o “tonto”. Perdedor. Se creen vándalos y son miserables, se sienten subversión y representan la estulticia. “Son unos niñatos”, dicen de los artífices. Esos niños que no respetan la inteligencia, esos que creen construir un mundo nuevo con recetas añosas. Niños, adolescentes, jóvenes. El problema no es tener quince años. O veinte o veinticinco. El problema es tener cuarenta y comportarse en la vida como si tuvieses quince, veinte o veinticinco. Tiene un problema él y tiene un problema la sociedad, que ofrece derechos de adulto a un ser infantilizado.
“Mi corazón oprimido siente junto a la alborada, el dolor de sus amores y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva, semilleros de nostalgias, y la tristeza sin ojos, de la médula del alma. La gran tumba de la noche, su negro velo levanta, para ocultar con el día, la inmensa cumbre estrellada”. Normal que lo sigan persiguiendo a pesar de ya haberlo asesinado. Le tienen pánico porque no consiguen que muera.
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