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Singularidad o espejo estatal
En Aragón, el voto se ordena en torno a claves propias y a un arraigo político muy vinculado al territorio

En Aragón, el voto se ordena en torno a claves propias y a un arraigo político muy vinculado al territorio / PI
Las elecciones en Aragón han vuelto a confirmar la singularidad política de la comunidad, acostumbrada a moverse al margen de las lecturas simplificadas en clave estatal. En un territorio sin mayorías absolutas, los resultados no se miden por metas inalcanzables, sino por la capacidad de recomponer equilibrios y tejer acuerdos. El adelanto electoral impulsado por Jorge Azcón respondía precisamente a esa lógica: no tanto buscar una mayoría imposible como reordenar el tablero y reducir su dependencia de Vox, un objetivo que, sin embargo, no se ha cumplido.
El PP gana con claridad, pese a un desgaste más vinculado a la dinámica general que a la realidad aragonesa. Pero la ausencia de mayoría absoluta no puede leerse como un fracaso, sino como la confirmación de un sistema de partidos históricamente fragmentado, en el que gobernar exige acuerdos. El cambio relevante se produce dentro del propio bloque conservador por el fuerte avance de Vox, que se convierte en uno de los grandes titulares de la noche y consolida a la formación como un actor central en la futura gobernabilidad, demostrando que la estrategia de polarización y el intento de movilización en torno al llamado muro no han contenido su crecimiento. Al contrario, Vox sale reforzado y con mayor capacidad para condicionar cualquier mayoría, complicando la aspiración inicial de Azcón de reducir su dependencia.
En la izquierda, el balance es más sombrío. El PSOE encaja un notable retroceso con el segundo peor resultado de su historia en la comunidad. A su lado, el espacio estatal se contrae con la desaparición de Podemos, mientras Izquierda Unida logra mantenerse, aunque con una presencia muy limitada. Frente a esa caída, la excepción es la izquierda territorial. La Chunta Aragonesista obtiene unos muy buenos resultados ganando peso parlamentario y confirmando su capacidad para canalizar un voto propio y diferenciado. Ese mismo arraigo explica también el mantenimiento a la baja de (Teruel) Existe, que conserva su presencia parlamentaria, mientras el Par queda por primera vez fuera de las Cortes, cerrando una etapa histórica y reflejando hasta qué punto el mapa político aragonés está en plena reconfiguración.
Ahí reside, en realidad, uno de los rasgos más definitorios del resultado. Aragón sigue siendo un territorio donde las formaciones de ámbito territorial mantienen una influencia muy superior a la que tienen en otras comunidades. El crecimiento de la Chunta y la continuidad de Teruel Existe refuerzan esa singularidad: aquí el voto no se ordena únicamente en torno a los grandes bloques nacionales, sino también en torno a claves propias y a un arraigo político profundamente vinculado al territorio.
Pese a todo, la gobernabilidad no pasa por ello y la incógnita que se abre ahora se parece a la de Extremadura y adelanta la que, previsiblemente, dominará la política estatal en este nuevo ciclo electoral: la relación entre PP y Vox y la fórmula que permitirá articular la gobernabilidad. Conviene no olvidar que el adelanto electoral llegó precisamente tras la incapacidad de Azcón para aprobar los presupuestos. La aritmética salida de las urnas no despeja ese problema de fondo, sino que lo devuelve al centro del tablero y obliga, de nuevo, a resolver cómo convertir los resultados en estabilidad.
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