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Lo que queda de la foto de Colón

El drama para el Partido Socialista viene marcado grosso modo por dos cuestiones: una, su tendencia a la baja y dos, la poca o nula representación de sus posibles socios.

El drama para el Partido Socialista viene marcado grosso modo por dos cuestiones: una, su tendencia a la baja y dos, la poca o nula representación de sus posibles socios. / LEV-EMV

Diez de febrero. Se cumplen siete años de la imagen que apuntaló el cambio de ciclo político en España cuando una mayoría social se conjuraba ante la posibilidad de que la extrema derecha pudiera entrar en cualquier estadio de gobierno. Pero hoy, séptimo aniversario de la foto de Colón, esa tendencia se ha movido como si lo hiciera subida en un péndulo. El resultado electoral en Aragón constata lo que ya ocurrió hace poco más de un mes en Extremadura con Vox convertido en segunda fuerza política en Teruel como lo fue en Badajoz, reafirmando una tendencia al alza en general y especialmente en las grandes ciudades. Y aunque el Partido Popular haya bajado dos escaños, mantiene la hegemonía.

Desde 2015 sabemos que los gobiernos en nuestro país pasan, en la mayoría de los casos y de los niveles, por un bipartidismo obligado a pactar con otras fuerzas políticas bien a la izquierda o bien a la derecha. El drama para el Partido Socialista viene marcado grosso modo por dos cuestiones: una, su tendencia a la baja y dos, la poca o nula representación de sus posibles socios como Podemos y Sumar. El escudo social que aglutinaba las mayorías que frenaban el ascenso de los ultras se fractura cada día un poco más. Estamos ante un fenómeno que, de momento, no tiene visos de menguar sino todo lo contrario. Cometerá un error la izquierda en su conjunto si intenta resolver esto con paños calientes. Ahora bien, en el contexto de unas elecciones generales el dique frente a Vox funcionaría mejor. Pero con esta tendencia, dudo mucho que actualmente fuera suficiente.

Me gustaría pensar que la esperanza es Portugal, donde el candidato socialista ha ganado las presidenciales en segunda vuelta con un 66 % de los votos. Pero la dinámica política allí es muy diferente. Para empezar, el centro derecha y la socialdemocracia sostienen un cordón sanitario a los ultras. Lo que no tiene nada que ver con el Partido Popular, cuya estrategia política pasa por gobernar con la extrema derecha. De ahí que no le preocupe fortalecer a Vox a través de convocatorias electorales forzadas al considerar ese coste asumible frente a un objetivo mayor: debilitar al Partido Socialista.

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