Opinión | Trencar l'enfit
Mujer separada busca piso a sus 50
Con medio siglo de vida a sus espaldas, muchas personas se enfrentan de nuevo a la precariedad económica, bien sea por una separación o por el alto coste de la vivienda

Una mujer busca piso en la feria Inmobiliaria Urbe. / Juan Navarro
Hoy no les voy a hablar de política. O quizás sí, según se mire. De hecho, la cantante Sinéad O'Connor decía siempre que todo es política desde que te levantas por la mañana porque constantemente estamos escogiendo lo que nos identifica, lo que somos y queremos ser, más allá de lo que votamos cada cuatro años. Nos definimos en función de qué ropa compramos y dónde, de cómo nos alimentamos, cómo nos movemos y donde podemos o queremos vivir, por ejemplo. Así que sí, lo que les voy a contar a continuación es política.
Hace 25 años, cuando estaba a punto de cumplir mis primeros 25, mis amigas y yo, nacidas ya tras la muerte de Franco, aspirábamos a muchas cosas, que en un ejercicio de jibarización podría reducirlas a tres: lograr un trabajo bien (que nos gustara y/o bien remunerado), tener recursos para poder ser independientes (como nos habían insistido madres y abuelas en numerosas ocasiones) y disfrutar de una relación de pareja. Punto. Una relación de pareja tradicional o diferente, ya era al gusto de cada una. Nuestras conversaciones, por tanto, versaban sobre los precios de los pisos, las hipotecas, las dificultades para lograr hipotecas, los avales, los salarios (escasos) que nos dificultaban la vida, la hucha siempre hambrienta, los viajes mirando el bolsillo, las decepciones amorosas o la emoción por nuevos encuentros. La vida a nuestros 25, acabados nuestros estudios universitarios y con el apetito descomunal de comerse el mundo, era así. Piso, dinero y pareja.
Cinco quinquenios después, una gran parte de estas expectativas se han traducido en 'busco de nuevo un piso tras mi separación y no tengo un duro'. A los 50. Y esto vale para muchos hombres también. Volver a ser económicamente precarios más allá de la mitad de tu vida. ¿Quién se podría imaginar que, por segunda vez en una sola existencia una persona volvería a tener que pasar por los mismos retos y dificultados que tuvo que afrontar cuando optó por la emancipación? El precio astronómico de la vivienda está obligando a parejas ya separadas a continuar viviendo juntas como si fueran compañeros de piso, pero con hijos en común, a volver a casa de los padres con todo lo que eso comporta a muchos niveles o acabar viviendo en un cuchitril tras muchos, muchos años de trabajo y ahorro. Porque esa es otra: se acabó el teatro, las inversiones en una/uno misma, cenar fuera, viajar.... Y la soledad tras el divorcio, a veces bien vivida y a veces surfeando el abismal vacío.
No es una generalización, pero sí una realidad muy presente en la sociedad actual. Cuando aquello de 'para toda la vida' salta por los aires, las conversaciones a los 50 vuelven a versar, no sin angustia o frustración, sobre cuestiones que deberían haber sido pasadas de pantalla hace tiempo en un lógico devenir de la vida que, obviamente, ya ha cambiado. La incertidumbre, por tanto, no solo abraza a las generaciones que atesoran las ultimas letras del abecedario (X, Y, Z), sino a también a aquellas que, curiosamente, les proveen de comida, techo y afectos. Qué cosas.
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