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València

Chinga el fascismo

El valor de la democracia es que, junto a Bad Bunny, Springsteen o Jane Fonda, ha de acoger a Los Meconios, el dúo valenciano famoso por cantar cosas como Vamos a volver al 36. Esa es la clave que la nueva ola ultra mejor ha aprendido: dar la vuelta a los pilares del sistema, como el no a la censura, para dinamitar la democracia

Bad Bunny, en la Superbowl.

Bad Bunny, en la Superbowl. / CHRIS TORRES

Me quedo con el cartel. Habla Jane Fonda, siempre Jane, descalza en el parque, siempre comprometida, ahora delante de un micrófono en Los Ángeles. Pero me quedo con la pancarta de uno de los que la acompaña en la protesta contra el ICE y las políticas contra inmigrantes de Donald Trump. En perfecto español americano: chinga el fascismo, que vendría a ser algo así en interpretación libre como “Que se joda el fascismo”. La actriz dice después de la detención de un periodista que se están atravesando líneas rojas y que no es tiempo de estar callados.

Ha sido Jane Fonda, una activista vigorosa contra el cambio climático. Ha sido Natalie Portman. Ha sido Joaquín Phoenix. También ha sido, claro, Bruce Springsteen. Y ha sido Bad Bunny en el mayor altavoz en la cultura norteamericana, el Supertazón. Su música me sigue siendo igual de extraña que hace una semana. Pero reconozco la dignidad de buscar el lado correcto de la historia, aún a costa de granjearse enemigos y perder seguidores. El silencio de los ilustres es otra forma de abandono de los perseguidos. La voz de los artistas y los intelectuales es una forma de mostrar a las víctimas desconocidas que están en el lado bueno, de recordarles que esta injusticia pasará a la historia, por mucho que la presidenta de Madrid premie a Estados Unidos ahora que persigue por las calles y las casas a los hermanos latinos (a los pobres y miserables, claro).

Los Meconios, en el cierre de campaña del PP de Aragón.

Los Meconios, en el cierre de campaña del PP de Aragón. / JAVIER BELVER

Ese frágil sistema de convivencia que nos hemos dado se justifica en tolerar a los intolerantes

El valor de la democracia es que, junto a Bad Bunny, Springsteen o Jane Fonda, ha de acoger a Los Meconios, el dúo valenciano que cerró la campaña del PP en Aragón y que se ha hecho famoso por cantar cosas como Vamos a volver al 36, que dice “la izquierda que gobierna se llama Frente Popular, rodeados de revolucionarios, pajilleros de sofá". El candidato del PP aragonés (y presidente a la baja) los defendía: una ironía sobre la polarización, dice. Y pedía no invocar censuras. Esa es la clave que la nueva ultraderecha mejor ha aprendido: dar la vuelta a los pilares del sistema, valerse de ellos para dinamitar la democracia. Porque ese frágil sistema de convivencia que nos hemos dado se justifica en tolerar a los intolerantes. Y así su virtud es su enfermedad. O al revés: su defecto es su virtud. Al menos, mientras los tolerantes sean la mayoría. El problema, que empezamos a mirar a la cara, es cuando los intolerantes son más. O al menos son muchos. E invocan el fantasma de la censura para glorificar un pasado tirano en el que la censura era real. Entonces tiene más valor coger una pancarta y salir a gritar “Chinga el fascismo”. Entonces tiene más valor usar la fama para dar la cara. En esas estamos. Algo así era aquello del compromiso de los intelectuales del que parece que en la Berlinale quieren saber poco.

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