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Opinión | En el barro

València

El gran reemplazo (el más real)

Más allá del concepto conspiranoico, estamos ante otro gran reemplazo que se ve menos. Los moderados cada vez son menos en el mundo occidental (desarrollado) mientras se pueblan las filas de los que quieren autoridad y populismo buscando algo distinto

Mark Zuckerberg, Lauren Sánchez, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk.

Mark Zuckerberg, Lauren Sánchez, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk. / SAUL LOEB / POOL

Desde hace nueve días me duele la belleza. No miro la nubes ni presto atención a los petirrojos y las lavanderas blancas que salen al paso cada mañana.

Desde hace nueve días me cuesta la esperanza.

Mientras mastico miserias de la vida (nada especiales, por otra parte), escucho el viento que sopla con fiereza al otro lado de los cristales. Todo empezó aquel mediodía de un jueves de vacíos y ausencias. De pronto, la oscuridad se hizo, el cielo adquirió un color muerte y se desataron unas ráfagas de horror. Todo pasó sin alerta especial en los teléfonos ni predicción de algo tan naturalmente salvaje. Un mensaje más de este nuevo tiempo, que no es solo un nuevo orden global, sino también de accidentes climatológicos que parecen descubrir una fuerza y una capacidad de daño desconocidas. Imposible no dejarse atravesar por un rayo de temor. Una nueva era que nos empequeñece ante un cosmos desatado.

Tengo para mí que este ambiente exterior de tono a veces apocalíptico, con lluvias y vientos que persisten como una maldición bíblica, contribuye a reforzar esa sensación interior de inseguridad que nos corroe en un mundo que se tambalea tal como lo conocimos y que no termina de ser algo nuevo. No sé. Quizás es al revés y es esta incertidumbre política y económica que atenaza los huesos la que hace que miremos al otro lado de los cristales con el miedo que antes no teníamos ante los fenómenos meteorológicos. Qué sé yo de razones. Solo soy testigo de arenas movedizas. De las propias y creo que de algunas compartidas.

Hablan del gran reemplazo. Ya saben. Esa teoría conspirativa según la cual la población cristiana (y blanca) europea está siendo sistemáticamente sustituida por la llegada de gentes de otros continentes. No voy a bajar a esa fosa séptica. Solo quería utilizar ese concepto para destacar que creo que estamos ante otro gran reemplazo que se ve menos. Los moderados cada vez son menos en el mundo occidental (desarrollado) mientras se pueblan las filas de los que quieren autoridad y populismo buscando algo distinto: no sé qué, sobre todo castigo a los que han sido y han estado en política el último medio siglo, olvidando las transformaciones importantes a las que han contribuido (especialmente visibles en España) y subrayando las taras de un sistema por naturaleza frágil e imperfecto, como vemos estos días con el escándalo de los pisos públicos de Alicante. Soñando seguridades y solideces aunque huelan a naftalina y a bulo. No son mayoría, aunque crecen rápido: algo más del 20 % en las recientes elecciones en Aragón, casi el doble de los que eran hace tres años. Crecen también hipervitaminados por los nuevos poderes nacidos de los algoritmos.

Algoritmo es una palabra que remite a ciencia, a matemática pura, a exactitudes tranquilizadoras, pero esa palabra denota hoy lo contrario: oscuridad

Algoritmo. Es una palabra que remite a ciencia, a matemática pura, a exactitudes tranquilizadoras. Pero esa palabra denota hoy lo contrario: oscuridad. Remite a la sucesión de operaciones desconocidas para el usuario común en función de la cual algo (y alguien) triunfa, algo es visible, algo se vende y se compra más o queda enterrado. Los dueños de los algoritmos dominan el mundo y han decidido que este ha de ajustarse a sus necesidades. La democracia parece que no les vale una vez que se han engrandecido y enriquecido gracias a ella. El imperio de las regulaciones y las normas no es su mundo. Quieren otro. Y mueven sillones. Tienen poder y cantidades ingentes de dinero. Les interesa el gran reemplazo: el de verdad, el del pensamiento político, no el de las naves de migrantes cruzando a otro continente. Ese es una excusa más. Tecnoligarcas les han bautizado. Tecnomandarines. Tiranos del algoritmo.

Uno a veces siente una presión en el pecho: la democracia y la ciencia retorcidas para beneficio de los que buscan solo su interés (económico y político). Los grandes conceptos del mundo ilustrado pisoteados a partir de la debilidad y las contradicciones naturales de la democracia y la ciencia, que solo se entienden desde la duda y la incertidumbre.

Quizá estos vientos que no cesan nos recuerdan que todo es efímero e incierto. Que hay un tiempo yéndose. Que hay oscuridades sobre nosotros, porque las llevamos dentro. Pero que se abrirá la luz. Como se abrió la de la Ilustración.

De momento, los árboles continúan corvados al otro lado del cristal. Pero no rotos.

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