Opinión | Editorial
Actuar cuando suena ES-Alert
El tren de borrascas confirma que invertir en Protección Civil y Emergencias es asumir una cultura de prevención prioritaria

Un aviso de ES-Alert / Andreu Esteban / EFE
La Comunitat Valenciana acaba de pasar otro tren de borrascas que ha examinado, al mismo tiempo, la solidez de los servicios públicos y los reflejos de la sociedad ante el riesgo. No ha sido un episodio menor, con rachas de viento de hasta 172 kilómetros por hora en puntos de Castellón, incidencias en cascada, graves alteraciones del transporte por carretera, ferrocarril y mar, y un despliegue intenso de los equipos de emergencias. En paralelo, los móviles han sonado hasta tres veces desde el viernes con mensajes ES-Alert. Queda claro que estos fenómenos climáticos ya no son raras excepciones.
Tras la tragedia del 29 de octubre, con 230 víctimas mortales, la discusión sobre la utilidad y el uso de las alertas debería asentarse en que la prevención salva vidas. La jueza de Catarroja que investiga la respuesta a la catástrofe ha señalado que muchas muertes fueron «evitables» si el mensaje de aquella tarde no hubiera sido «tardío y erróneo». Ese antecedente obliga a un claro aprendizaje institucional y ciudadano de cuándo se avisa, se actúa; y cuando hay riesgo extremo, se avisa a tiempo y con claridad.
Los datos muestran que ES-Alert ha dejado de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una herramienta central de protección colectiva. Desde aquel 29-O, se han enviado 20 mensajes en 11 episodios meteorológicos: 17 por peligro de lluvias e inundaciones y tres —precisamente los últimos— por viento. Si se suman envíos vinculados a otros incidentes, la cifra asciende a 30, según datos del Ministerio del Interior publicados esta semana. Es un cambio de época. Y conviene asumirlo sin dramatismos. Desde la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicaciones de la UPV se advierte de que la ciudadanía deberá acostumbrarse a alertas más frecuentes, porque habrá más fenómenos adversos. Su criterio es pertinente: el aviso debe enviarse siempre que exista alerta roja, sea por lluvia, viento o cualquier otra amenaza.
Una alerta funciona si hay un sistema de emergencias con capacidad real y una ciudadanía que entiende que el mensaje es más operativo que informativo. Por eso, el debate de fondo no es cuántas veces suena la alarma en el teléfono, sino si tenemos Protección Civil y Emergencias dimensionadas para el nuevo patrón de riesgo.
Para ello se precisa financiación estable y suficiente, no parches tras cada temporal. Plantillas adecuadas y condiciones que permitan retener experiencia, porque una emergencia se gana con especialistas formados. También hace falta una logística y equipamiento con comunicaciones resilientes, centros de coordinación robustos, medios de apoyo y de rescate. Además de protocolos claros, ensayados y compartidos entre Generalitat, diputaciones y ayuntamientos. Y, por último, planes municipales con cartografía de riesgo actualizada, puntos de refugio y zonas seguras identificadas, cierres preventivos definidos y medidas específicas para población vulnerable.
La experiencia reciente ofrece pistas útiles. Tras la dana, la Guardia Civil articuló procedimientos de respuesta inmediata con unidades tácticas permanentes integradas por especialidades necesarias en una emergencia, activables de forma automática para llegar desde el primer instante. Si esa lógica —anticipación, automatización, refuerzo inmediato— se extiende al conjunto del sistema, se gana eficacia colectiva.
Es pertinente, por tanto, incidir en la cultura ciudadana de autoprotección. ES-Alert es una señal para modificar conducta. Si el aviso habla de riesgo extremo, toca reducir desplazamientos, evitar zonas expuestas, asegurar elementos en balcones y terrazas, suspender actividades de riesgo y seguir canales oficiales. En un clima más extremo, la Comunitat Valenciana no puede permitirse una falsa disyuntiva entre alertar mucho o alertar poco. Corresponde alertar bien —con criterios técnicos, mensajes claros y segmentación precisa— y, a la vez, sostener un sistema de emergencias fuerte y una ciudadanía entrenada en la prevención. Porque cada borrasca, cada aviso rojo, cada jornada de incidencias recuerda que la seguridad también se planifica. Cuando suena ES-Alert, se actúa. Y, para poder actuar, hay que invertir en Protección Civil y Emergencias.
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