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Contra el cáncer... tota pedra fa paret

Entre tanta payasada, tanto barullo estéril y tanta mala gente, apelo a la generosidad de los grandes mecenas. A la filantropía de las mejores fortunas.

El español Mariano Barbacid logra eliminar el cáncer de páncreas en ratones

Agencia ATLAS / EP

Un profundo terror al álgebra abstracta me llevó en el Bachillerato de hace algunas décadas a escoger las asignaturas de Latín y Griego. Ante todo, deseaba huir de polinomios, ecuaciones y sus endiabladas variantes. Tratar de adentrarse en aquellos laberintos matemáticos o en las trampas de la física y la química era como ser absorbida por un agujero negro. Tal vez por ello, el mundo de la ciencia me provoca y más ahora, en la madurez, una enorme admiración. Más bien, veneración. Cada investigación médica, cada avance en el tratamiento oncológico, cada nueva técnica quirúrgica de éxito, me emocionan y maravillan por igual. Por su complejidad, por los años de trabajo silencioso en el laboratorio, por la creencia en el éxito final y por el beneficio para el común de los mortales. Estas conquistas deberían ser como el Padre Nuestro de aquella niñez en el colegio de las monjas. De obligada recitación diaria.

Lamentablemente, atrapados en la cansina refriega política, las proezas de la medicina y sus profesionales acaban relegadas a un segundo plano por la ‘ayusada’ de turno. Hasta que llegó el bioquímico Mariano Barbacid a finales de enero para anunciar que había logrado eliminar un tipo de cáncer de páncreas en ratones. El reputado científico, cuyo nombre lleva varios años asociándose a los premios Nobel, señaló que necesita treinta millones para financiar la siguiente fase de una terapia que combina tres fármacos y poder aplicarla, así, en enfermos. Desde entonces, las redes sociales siguen en ebullición con debates alejados de cuestiones médicas.

La mayoría de las opiniones son críticas con el Gobierno por su racanería en tan noble causa. Por enredar, se ha mentado hasta el astronómico sueldo de Mbappé, comparándolo con la cantidad necesaria para seguir dándole a la probeta. Lo cierto es que el trabajo del Grupo de Oncología Experimental que lidera Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) sí ha dispuesto de fondos públicos, como daba a entender rápidamente la ministra Diana Morant.

Sin embargo, las pruebas clínicas con pacientes exigen un esfuerzo extra. De mayor presupuesto. Para ello, se ha abierto una cuenta destinada a donaciones particulares, a partir de 5 euros. ‘Tota pedra fa paret’, claro, aunque quien más tenga, que más aporte. Prueba de ello son los tres millones y medio entregados por la Fundación Cris contra el Cáncer.

Se abre ahora un escenario idóneo para la entrada de capital privado, que haberlo, lo hay por estos lares. Ahí está también, como ejemplo, el nuevo Centro de Protonterapia que ya toma forma junto al hospital La Fe y que contará con un equipamiento de alta precisión sufragado por la Fundación Amancio Ortega. Más de 29 millones de euros ha desembolsado el dueño de Inditex para una maquinaria que permitirá tratar a doscientos pacientes al año, a partir de agosto de 2027. Entre tanta payasada, tanto barullo estéril y tanta mala gente, apelo a la generosidad de los grandes mecenas. A la filantropía de las mejores fortunas. No hay más que entrar en cualquier hospital valenciano para reparar en las banalidades de algunos y atender a lo verdaderamente importante.

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