Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

València

Estamos jodidos

Inteligencia artificial bajo vigilancia democrática: entre los datos que lo impregnan todo y las instituciones europeas que intentan ponerle límites para proteger derechos y responsabilidades.

Inteligencia artificial bajo vigilancia democrática: entre los datos que lo impregnan todo y las instituciones europeas que intentan ponerle límites para proteger derechos y responsabilidades. / IA/T21

No hay vivencia más real y al mismo tiempo más falaz que un recuerdo. El pasado presente, el ayer que vuelve. Esa punzada, ese malestar. Ese dolor por lo perdido que, sin embargo, al recordarlo vuelve a tomar forma. Recordamos lo que nos esforzamos en recordar. Implica compromiso, exige complicidad. Sin voluntad, el pasado no vuelve. Por eso duele tanto el ayer que te obligan a silenciar y la imposición de otros recuerdos, ese material etéreo que construye el mañana.

Se viralizan unas nevadas descomunales en la península rusa de Kamchatka. Del mundo digital, las imágenes pasan al analógico y las recogen portales importantes de televisiones, periódicos y radios. Todo muy grandilocuente. Montañas de nieve que sepultan incluso edificios. Son falsas. A cierta dosis de realidad (una nevada importante en una zona donde las temperaturas son extremas) se añade la simulación de la Inteligencia Artificial. El hecho es que dicha falacia se convierte en realidad con la transmisión masiva y para cuando es rebatida y marcada como un nuevo ejercicio de desinformación ya ha calado en millones de personas de todo el mundo, que quedarán después ajenas a la corrección e interiorizarán en su memoria una nevada histórica. Quizá la recuerden en el futuro, quizá la cuenten a sus nietos y nietas, les muestren imágenes y, al recordar, las convertirán en realidad, en verdad. Materia artificial recordada como verdad, como tantas otras a lo largo de la historia.

La diferencia es que ahora el recuerdo de la falacia cuenta con material vivido como real. Antaño, el embuste se realizaba a posteriori, al recordar un hecho y modificarlo con el interés de reinterpretarlo. Ahora se vive en una realidad falaz y el recuerdo solo puede ser doblemente falaz. Falaz de origen y falaz al reconstruirlo en la memoria. Falaz, falaz, falaz. Todo mentira. Del presente al pasado y del pasado al futuro.

Dicha nevada quizá sea un hecho menor, una curiosidad sin consecuencias graves. Pero existirán millones de ejemplos con secuelas incurables. Estigmas hacia personas; gobiernos democráticos que son tumbados con mentiras; comercios o empresas cuya viabilidad quedará sepultada por campañas engañosas en contra…

Menos los sinvergüenzas que monetarizan la falacia y los ultras que quieren reventarlo todo para ofrecer soluciones dictatoriales, nadie se beneficia de esta podredumbre. Estamos jodidos.

Tracking Pixel Contents