Opinión | Bolos
Dos estaciones y un destino
La actual terminal de autobuses requiere un traslado, pero se debe acertar con las ubicaciones para evitar los colapsos diarios en los accesos y salidas de València

Estación de autbuses de València, pendiente de reforma o traslado. / Levante-EMV
Me imagino lo que se le habrá pasado por la cabeza a María José Catalá al enterarse —al mismo tiempo que los asistentes al desayuno de Fórum Europa de este lunes— de que el Consell estudia habilitar dos nuevas estaciones de autobuses para València: una al sur y otra al norte. Es decir, lejos de aquel solar próximo a la estación de Empalme (al oeste) al que algunos ya le estaban poniendo rampa de lavado exprés.
Esta vez, el valiente ha sido el vicepresidente tercero y conseller de Transportes, Vicente Martínez Mus. Y no le falta razón cuando sostiene que mejorar la movilidad metropolitana pasa también por trasladar la vetusta terminal del viejo cauce. Un espacio que, además, previsiblemente acabará ocupado por torres de viviendas en una de las zonas más cotizadas con el Jardí del Túria casi como terraza y Ciutat Vella a pocos minutos.
Estamos, según reconoce el propio Mus —que también admitió que aún no lo ha hablado con la alcaldesa—, en una fase muy preliminar. Pero todo apunta a que el proyecto no se situará donde algunos habían señalado. Porque lo que el área metropolitana necesita, más pronto que tarde, es una ordenación racional del tráfico urbano: una solución a los colapsos diarios en los accesos y salidas de València en hora punta… y también fuera de ella.
Que la estación de autobuses actual requiere un traslado es indiscutible. Precisamente por eso hay que acertar las ubicaciones con sentido común. La opción de la zona del Empalme sería un despropósito de manual, salvo que el autor intelectual de la idea tenga intereses por la zona o comparta la misma desconfianza hacia Peter Lim que la inmensa mayoría del valencianismo. Porque, si ya fue un error mayúsculo proyectar el nuevo Mestalla a la entrada de la saturada CV-35, solo faltaría colocar al lado una terminal moderna de autobuses justo cuando el transporte por carretera vuelve a ganar protagonismo tras la crisis de confianza en los trenes.
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