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València

La pilota abrió el camino del deporte urbano

Lejanos quedan los tiempos en que las calles públicas eran lugar de encuentro social en torno a un deporte que activaba las pasiones locales

Partida de Galotxa en las calle Trinquet de Cavallers, años ochenta.

Partida de Galotxa en las calle Trinquet de Cavallers, años ochenta. / A.S.

Difícil encrucijada la que tienen los clubes en las distintas modalidades del Joc de Pilota. Lejanos quedan los tiempos en que las calles públicas eran lugar de encuentro social en torno a un deporte que activaba las pasiones locales. Muchos son los factores que han influido en ese estado de desánimo. Las calles dejaron de ser escenarios deportivos cuando son ocupadas por los automóviles, cuando imperan medidas de seguridad, cuando el vecindario eleva sus quejas por las molestias. Las calles , salvo en unos pueblos de las comarcas del sur, todavía vírgenes de la ocupación de la cultura urbana, sólo pueden ser escenarios esporádicos y puntuales del tributo a la tradición. El calendario anual del Joc de Llargues i Ratlles, incluye una Lliga de consolidado prestigio, apoyada con firmeza por la Diputació d’ Alacant y de una competición de elite que recorre varias sedes patrocinadoras con la presencia en los equipos de refuerzos profesionales. Los pueblos, con una mínima inversión garantizan la presencia del Joc de Pilota en su manifestación más auténtica, la que se juega en plena calle pública.

El juego de Galotxa, que fue fundamental en el periodo de recuperación y creatividad se encuentra en una situación más comprometida. La calidad extraordinaria de un club ejemplar como Montserrat, digno de admiración, supone paradójicamente un muro para la motivación de otros clubes, conscientes de que no hay refuerzos en el mercado para competir. Muchos jugadores prefieren hoy jugar con la pelota de badana en la categoría de “curtes”. La máxima categoría, la que en otros tiempos llenaba autobuses en las finales, se queda vacía sin que se vislumbre una luz.

Partida de Galotxa en las calle Trinquet de Cavallers, años ochenta.

Partida de Galotxa en las calle Trinquet de Cavallers, años ochenta. / A.S.

Se reúnen los clubes en la asamblea, reflexionan sobre posibles medidas, con sus ventajas e inconvenientes. Surgen propuestas de unir categorías bajo un prisma superador de ventajismos en favor del conjunto de la modalidad. Jugar a Galotxa en escenarios diferentes: calles públicas, calles artificiales o trinquetes es un bien superior a los cálculos de posibilidades de éxitos aquí o allá. Cada cual que juegue donde quiera o pueda. Libertad. Así ocurre en el torneo autonómico de raspall donde conviven perfectamente calles y trinquetes. Y como el éxito debe ser ejemplo, convendría mirar el calendario de Llargues para crear un circuito que devuelva la “galotxa” a las calles de manera compatible con los derechos vecinales.

Las pasadas olimpiadas en Paris fueron la exaltación de los deportes urbanos, al aire libre, expuestos en plena libertad. Ese interés por fomentar el deporte urbano puede ser una ola que motive a jugadores, clubes, aficionados y ayuntamientos. La Federació parece sensible a ese deseo de recuperar protagonismo público del deporte que llenó aceras, balcones de almas apasionadas en defensa del honor del pueblo. Valdría la pena intentarlo. A grandes males, valentía para aplicar grandes remedios. Por qué no fomentar una final del Trofeo El Corte Inglés o del Edicom en la calle Trinquet de Cavallers? La pilota abrió la moda del deporte urbano hace cientos de años.

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