Opinión | En el barro
¿Por qué el presidente valenciano Pérez Llorca es el más interesado ahora en la dana?

José María Llanos (Vox) pasa ante el escaño de Pérez Llorca. / Rober Solsona
Cuando las cosas pasan en política, hay algún motivo. Casi siempre. La casualidad rige poco cuando se trata de una sesión parlamentaria programada desde hace semanas. Y lo que ha pasado, lo más llamativo, en la primera sesión de control a Juan Francisco Pérez Llorca es que quien más ha hablado de la dana del 29 de octubre de 2024 ha sido él. Es quien le ha dado protagonismo con un anuncio importante: la ayuda, casi 500 días después, de 80.000 euros a las familias de cada víctima mortal de la riada.
¿Por qué esta jugada? En primer lugar, el presidente está dejando un mensaje: le interesa más hablar de este tema que aquel con el que la oposición, sobre todo el PSPV, ha ido a saco y sin freno en este primer encuentro pugilístico: el escándalo por el reparto de vivienda pública en Alicante a cargos vinculados al PP.
¿Por qué es así si la gestión de la riada ha supuesto la caída del anterior presidente y aún diputado? Posiblemente por eso. Porque la riada es de aquel, de Carlos Mazón, y Pérez Llorca puede y aspira a presentarse como el valedor de una política distinta con las víctimas y con la sociedad en general, aunque a las principales asociaciones aún no las haya recibido, casi tres meses después. En cambio, la gestión de lo que pueda pasar con el caso de Alicante le toca de lleno. Por eso mismo, la oposición ha mirado más a ese frente que no al de la riada. También, claro, porque la cita posterior al hemiciclo era la constitución de la comisión mixta con el Gobierno. No era tampoco el día, digamos, existiendo además otra munición.
Por lo demás, escuece el jabón que Llorca da a la ultraderecha a la mínima que se le pone delante. ¡Lo que vale un pacto de gobierno! Y eso que Vox no ha ido con caretas. Ha marcado distancias con lo de los pisos de Alicante y le ha leído los deberes al presidente. Pérez Llorca ha aceptado la cartilla y ha contestado positivamente (más o menos) a todos los puntos, excepto a uno, que ha dejado pasar: inmigración. El portavoz ultra José María Llanos ha dicho que “la inmigración masiva es un peligro para la seguridad y la civilización” y ha pedido “acuerdos de repatriación de ilegales” para “preservar nuestra identidad”. “No vamos a permitir ningún reemplazo”, ha sentenciado aireando teorías conspiracionistas en la casa de la democracia. El president ha callado sobre eso. Ni siquiera lo ha apuntado en la cuenta de las discrepancias, donde sí ha puesto a la AVL. ¿Casualidad? No lo creo. Simplemente ha preferido el silencio, cual Bartleby, aquel personaje famoso de Melville por eso de "Preferiría no hacerlo".
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