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Las columnas de Hércules frente al huracán

Las leyes se crean y modifican por las sociedades humanas y sus circunstancias, pero los principios que las inspiran no pueden eclipsarse. La dignidad, la igualdad y la solidaridad son esenciales

Palacio de Justicia.

Palacio de Justicia. / LEV-EMV

Nos levantamos cada día sacudidos por el viento, las tormentas, las amenazas gritadas y los lamentos de quienes sufren por no llegar a los mínimos de vida; a alcanzar una pequeña porción de eso que llamamos “bienestar”. Sin llevar la alarma al extremo, y aunque el género humano no va a desaparecer, vemos minuto a minuto, fotograma a fotograma, cómo desaparecen los rasgos de humanidad que definen la más elemental justicia social.

Esto es lo que recordamos hoy: desde 2007 Naciones Unidas acordó declarar el 20 de febrero como Día Mundial de la Justicia Social, que no es un rótulo ni un término ambiguo. Amnistía Internacional ha definido la Justicia Social como un principio fundamental orientado a garantizar la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.

No es poco; es todo: todas las personas, todos los derechos y todas las oportunidades. Sin distinción, con igualdad de acceso y sin fronteras; sin norte ni sur. Porque éticamente, moralmente, los principios tienen un rango superior al derecho y es de los principios universales de donde emanan las normas legales dictadas a lo largo de la historia.

Las leyes se crean y modifican por las sociedades humanas y sus circunstancias, pero los principios que las inspiran no pueden eclipsarse. La dignidad, la igualdad y la solidaridad son esenciales para que cada persona pueda vivir en libertad; una existencia libre que, como Séneca recordaba hace más de 2.000 años, no puede ser esclava de ninguna necesidad y de ningún azar.

Esos propósitos que informan la Justicia Social están hoy desgraciadamente en entredicho y desde 2007, en apenas 20 años, la efeméride propuesta por Naciones Unidas parece perder eco. Un reciente estudio ha desvelado que tras el “crack” de 2008 las preocupaciones sobre la pérdida de empleo, la creciente brecha social, la hostilidad hacia lo diferente y la desinformación están llevando a una crisis de confianza, y al empobrecimiento no solo económico sino moral e intelectual.

Los derechos fundamentales que han de ser garantes de nuestra esencia humana deben ser también lucha si se ven atacados; deben ser resistencia; deben ser pilares a los que asirse. Deben convertirse en esas legendarias columnas de Hércules que la mitología situaba en el límite geográfico conocido por los griegos clásicos. El confín del viejo mundo que albergó la filosofía y las normas de convivencia que hasta hoy mismo inspiran la democracia. Es una pequeña ironía, en el momento internacional que vivimos, que esas columnas simbólicas de los trabajos de Hércules inspiren también la imagen del dólar.

Y ya que el derecho es lucha, Fundación por la Justicia centra los valores de sus más de treinta años de existencia en difundir algo esencial: la sensibilización ante la diversidad cultural, que es riqueza, y encarando los desafíos hacia la integración y cohesión social en todos los ámbitos, desde la convivencia en barrios hasta acciones sobre conflictos armados y cultura de paz; desde alianzas de la sociedad civil valenciana con organizaciones del Sur Global hasta la actuación directa sobre colectivos vulnerables y que tenemos muy próximos.

En el poema de Yeats, la oscuridad se cierne sobre un mundo en el que reina la anarquía, porque “los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores están llenos de intensidad apasionada”. Vamos a darle la vuelta, convencidos de vencer la intensidad del huracán apoyados en las columnas de un mundo que se forjó con derechos, y así debe seguir.

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