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Los Goya valencianos, a pesar de Vox

'Una quinta portuguesa' o 'La buena letra' son películas hijas de las ayudas del Institut Valencià de Cultura (IVC) anteriores a 2023 y estuvieron a punto de quedar sin aportación de la Generalitat tras los vaivenes de Vox

Alberto San Juan y Mario Casas, protagonistas de 'La cena'.

Alberto San Juan y Mario Casas, protagonistas de 'La cena'. / Levante-EMV

Esta es una historia de memoria cultural. Esta es una historia de ‘uy, nos libramos por los pelos’. ¿Han visto Una quinta portuguesa? ¿Y La buena letra? ¿Han visto La cena? Durante años hemos envidiado algo parecido al cine vasco, o incluso al gallego, por no decir del catalán. No digo que sea lo mismo, pero los títulos citados son productos con alta implicación valenciana que merecen (mucho) la pena. La prueba está en las nominaciones a los Goya. Nunca el audiovisual valenciano ha tenido tantas (40). Yo no lo recuerdo. Ni recuerdo tal concentración de filmes de los que poder estar orgulloso. ¿Son títulos doctrinarios? ¿O pancatalanistas, como se acusaba al sector? Dejémoslo en una sonrisa. Es buen cine, sin más.

Lo digo porque casi nadie recuerda que casi todas estas películas son hijas de las ayudas del Institut Valencià de Cultura (IVC) de 2023 (La cena es excepción: recibió las de 2024) y estuvieron a punto de quedar sin aportación de la Generalitat porque en ese año Cultura quedó en manos de Vox y del vicepresidente Vicente Barrera y las ayudas estuvieron en el aire, a punto de perderse porque el señor conseller había llegado allí para “deshacer” lo que había dejado el Botànic.

Ahora, la consellera titular, Carmen Ortí (PP), saca pecho de las candidaturas, se fotografía con las gentes del cine y dice que son datos “espectaculares” que reflejan “el músculo” del audiovisual valenciano. Espero que alguien le recuerde lo que pasó en 2023 y que este florecimiento goyístico, fruto seguro también de otras circunstancias, tiene que ver con un sistema de apoyo que cuestionaron en su casa.

Habrá que ver lo que pasa en los Goya de 2027, porque quizá chocamos con una involución. Ojalá no sea así y el audiovisual valenciano continúe demostrando fortaleza, porque la industria del cine necesita oxígeno público. Oliver Laxe, autor de la multipremiada (con razón) Sirat, decía hace poco, en la antesala de los Óscar: “Soy un artista financiado y subvencionado que exhibe sus películas en Cannes”.

Esta necesidad de cambiar las cosas porque ha cambiado el Gobierno y a pesar de no tener un modelo claro serviría también para una reflexión sobre lo que se cierne estos días sobre el MuVIM, que padece (de siempre) una indefinición que casi ha convertido en seña de identidad, pero lo que no parece ‘de trellat’ es convertirlo ahora en otro museo de bellas artes porque a los gobernantes actuales les apetece enseñar la colección provincial. Para cambiar un director y un equipo no es necesario tanto viaje.

En esta Valencia casi nada suena a nuevo. En 2010, el MuVIM se entregó a un alcalde e historiador que hacía gala de renegar de Fuster y que quería 'ofrenar' al valencianismo que “ofrenda glorias a España”

En esta Valencia casi nada suena a nuevo. Recuerdo en 2010, tras el escándalo por la censura de una muestra y la salida con honor de Román de la Calle, que el museo se entregó a Javier Varela, un alcalde e historiador que hacía gala de renegar de Joan Fuster y que entró diciendo que quería hacer exposiciones sobre l’Albufera, los ensanches y el valencianismo que “ofrenda glorias a España”. Tal cual. Duró año y medio y casi nadie recuerda aquella etapa. Valga como aviso. Esta, decía, es una historia de memoria cultural.

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