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Opinión | Desde que amanece

Urgencias a las 4 de la madrugrada: Mucho más que un "buenas noches"

El hospital La Fe de València en una foto de archivo

El hospital La Fe de València en una foto de archivo / GVA

En ocasiones conviene valorar lo que tenemos. Hoy hablaré desde el conocimiento de quien, a las cuatro de la madrugada, acudió al servicio de urgencias de su centro de salud por un dolor insoportable en el oído. Soy de los que se quejan por las colas, por la saturación del sistema y por las listas de espera, pero hoy es de justicia poner en valor la sanidad pública: un servicio que funciona para todos, 24 horas al día, siete días a la semana.

Cuando una persona acude a Urgencias no piensa en conflictos laborales ni en huelgas. Solo busca atención y un tratamiento que alivie su dolor. Llegué a las 4:11 horas, llamé al timbre y los trabajadores de guardia me recibieron con un "buenas noches". Yo apenas pude pedir perdón por las horas intempestivas. A las 4:19, la doctora ya me había examinado, diagnosticado y pautado el tratamiento. Ocho minutos. Impecable.

Ese "buenas noches" refleja, en realidad, una red de seguridad que a menudo damos por sentada. Es la garantía de que, mientras el resto del mundo duerme, hay una bombilla encendida y un profesional dispuesto a mitigar nuestra angustia. Pero para mantener la "buena salud" de nuestro sistema —valga el juego de palabras— es necesario un ejercicio de responsabilidad compartido entre pacientes y administraciones.

Para los primeros, acudir al centro de salud y no al hospital por una dolencia menor no es solo una decisión logística, es un acto de civismo. Entender la fragilidad del sistema es el primer paso para protegerlo; si el paciente no actúa como un eslabón responsable, el bien común se desgasta. Para los segundos, los gestores, la obligación es dotar al sistema de recursos reales. Un ejemplo necesario es la puesta en marcha de los nuevos centros de urgencias 24 horas en núcleos de más de 50.000 habitantes. Estos puntos deben ser el escudo que garantice la atención cercana y blinde, de paso, el siguiente nivel de presión: las urgencias hospitalarias.

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La newsletter de Íñigo Roy / L-EMV

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