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Opinión | Desde que amanece

Trenes a 10 kilómetros por hora: Mejor baja y corre

La señalización de 10 Km/hora ya se ha colocado en la vía a la altura del puente de hierro.

La señalización de 10 Km/hora ya se ha colocado en la vía a la altura del puente de hierro. / PERALES IBORRA

España puede presumir de ser uno de los países con más kilómetros de red de alta velocidad en marcha. Sin embargo, también podemos presumir de ser un país de contrastres. Hace meses, antes del terrible accidente mortal de Adamuz, el ministerio de Transportes anunciaba su intención de alcanzar velocidades punta de 300 kilómetros por hora en las principales líneas de alta velocidad. Esta semana, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias ha limitado la velocidad en un tramo de la línea de cercanías que une la capital valenciana con el sur a 10 kilómetros por hora. Dos caras de una moneda.

 Dos caras de un sistema ferroviario que atraviesa uno de los peores momentos, con obras en marcha y constantes críticas por la falta de inversión y mantenimiento.

 De nada sirve tener una red de alta velocidad que no puede alcanzar su velocidad de crucero. El límite de velocidad impuesto en un tramo que arrastra problemas desde hace 30 años refleja una paradoja digna de película: Correr 10 kilómetros en menos de una hora es una marca respetable para un atleta popular, pero es una cifra humillante para un sistema ferroviario del siglo XXI. Tras la última restricción impuesta por Adif este 19 de febrero, más de 11.000 corredores de la última 10K de València podrían adelantar por la derecha al cercanías C2 a su paso por el puente del Xúquer. Mientras los atletas vuelan, el tren se arrastra a 10 km/h, una velocidad más propia de una procesión que de una arteria que conecta València con Xàtiva.

El problema que subyace no es la cifra, no es la limitación. De hecho, prevalece la seguridad obviamente. El problema es ladesidia cronificada. Lo que Adif etiqueta como un Límite Temporal de Velocidad (LTV) es, en realidad, un problema enquistado que dura ya 30 años. Hemos pasado de circular a 60 km/h a los 30 km/h de la última década, para terminar hoy en una velocidad ridícula en un tramo que debería soportar los 140 km/h. El puente centenario de Alzira y Carcaixent no es una incidencia puntual; es el "punto negro decano" de una red que agoniza por falta de mantenimiento.

Lo más sangrante de este colapso ferroviario es que en paralelo al puente que se cae de viejo, descansa una infraestructura de alta velocidad construida en 2008 que costó 800 millones de euros y que hoy está en barbecho.

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