Opinión
La Unión Europea en la encrucijada
Los recelos de los EE UU hacia la UE comenzaron a manifestarse cuando la Unión Europea se empeñó en seguir avanzando hacia una mayor unificación de sus políticas, creando un mercado interior y sobre todo creando el euro

Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. / Fred Guerdin/EU Commission
La Unión Europa es una sucesión de éxitos a lo largo de su constante construcción, desde que se fundara, en 1951, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero hasta nuestros días. Y para la inmensa mayoría de los españoles el Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas suscrito en 1985 supuso dejar a un lado el aislacionismo internacional a que condujo la Dictadura franquista, incorporándonos al gran proyecto europeo.
No debemos olvidar que desde la fundación de la Unión cesaron las guerras entre los europeos. El poeta alemán Höderlin, que falleció en 1843, antes de los tres grandes conflictos bélicos europeos de 1870, 1914 y 1939, en pocas palabras describió lo que era Europa: “¡Dios de estos tiempos, bastante has reinado ya sobre mi cabeza en tu sombría nube, todo es violencia y angustia, todo se tambalea y se desmorona!”. Desde 1951 los conflictos entre los Estados de la Unión se resuelven mediante el diálogo y la negociación permanentes en el seno de las Instituciones europeas. Nos ha tocado vivir, a los descendientes de los fundadores de la Unión Europea, vencedores y vencidos en la Segunda Guerra Mundial, la época más larga de paz y prosperidad de la historia de Europa.
La construcción de la Unión Europea, como ha escrito uno de sus fundadores, Monnet, se hizo con el apoyo de los EE UU. La Unión Europea no se creó como ha manifestado Trump, desde su provocadora ignorancia, para perjudicar a EE UU. Muy al contrario, en las décadas iniciales la Europa comunitaria también sirvió a los intereses de EEUU, cuya política exterior, como afirmó con rotundidad el gran economista norteamericano, John K. Galbraith, tiene como objetivo principal la defensa de los intereses económicos de las grandes empresas norteamericanas. La defensa de la democracia en el mundo nunca ha estado en su agenda: apoyó dictaduras en el pasado (la Dictaduras de Franco, y Pinochet, entre otras) y en el presente (Arabia Saudí, entre otras ) siempre que le sirvieran o le sirvan para fortalecer su hegemonía en el mundo.
Los recelos de los EE UU comenzaron a manifestarse cuando la Unión Europea se empeñó en seguir avanzando hacia una mayor unificación de sus políticas, creando un mercado interior y sobre todo creando el euro, fundamental para consolidar el mercado interior europeo, que podía competir con el dólar, que antes de la aparición del euro era la única moneda de reserva en el mercado mundial. Pero, pese a las tensiones, hasta la llegada de Trump en su primera presidencia de EEUU nunca se produjo una confrontación impropia de aliados con los que se comparten los valores y principios democráticos.
La presidencia de Biden supuso un respiro de cuatro años para la Unión Europea. Pero Trump en su segunda presidencia ha irrumpido en el escenario internacional despreciando, insultando y amenazando a todos aquellos lideres y Estados europeos que se oponen a convertir el mundo en su cortijo inmobiliario. La debilidad de los Estados europeos es tal que grandes empresarios norteamericanos se atreven a imitar a su patrón, el matón norteamericano, insultando y descalificando a líderes europeos y a la propia Unión Europea.
La OTAN hace ya décadas que no es una organización que garantice la defensa de los Estados que la integran. Está en manos de Trump, al que le quedan tres años de presidencia (y no es improbable que algún trumpista pueda sucederle en la presidencia). Las pretensiones de Trump de apropiarse por la fuerza de Groenlandia y de anexionarse Canadá han sido las gotas que han desbordado el vaso de la paciencia de la mayoría de los líderes europeos.
Pero los Estados de la Unión Europea y la propia Unión Europea siguen siendo irrelevantes internacionalmente. Su irrelevancia no se debe a su economía, a su industria, a la población de la Unión, a su cultura, o a la ciencia europea, que son iguales o superiores a las de EE UU o China. La irrelevancia se ha debido a que la Unión Europea se olvidó de que en este mundo para ser respetado hace falta tener una sola voz y un gran ejército.
En sus memorias Jean Monnet, uno de los fundadores de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero junto con Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi, le dijo a Valéry Giscard d´Estaing, cuando éste fue elegido presidente de la República francesa, “Ud. lo ha entendido, Francia es demasiado pequeña para solucionar sola sus problemas”. No les pedimos a los líderes europeos que sean capaces de ponerse al nivel de los fundadores que, tras una guerra que devastó Europa, se pusieron de acuerdo para crear lo que se ha convertido en la Unión Europea. Pero hay que animar a los líderes de los Estados de la Unión Europea a que en esta coyuntura histórica den pasos firmes para crear un ejercito europeo. De lo contrario se puede realizar el sueño de Trump de que la Unión Europea desaparezca, y ya no tenga obstáculo alguno para convertir a los Estados de la Unión en estados vasallos, como es en la actualidad Venezuela.
No cabe duda de que la empresa no es fácil. En la Unión Europea existen algunos Estados miembros marionetas de Putin, los nacionalismos, las derechas extremas y los populismos izquierdistas que son claramente anti-Unión Europea. Pero no nos cabe duda de que los líderes de los Estados miembros con mayor peso económico, demográfico y cultural estarían dispuestos a iniciar un recorrido como el de la creación del euro, creando en el marco de los Tratados de la Unión una cooperación reforzada para la defensa, integrada por los Estados de la Unión que consideran que deben crear un ejercito europeo como el único instrumento que en nuestro tiempo permitirá que la Unión Europea y los ciudadanos europeos seamos respetados en el mundo.
No perdemos la esperanza en que nuestros descendientes tengan la suerte que nosotros hemos tenido y puedan seguir disfrutando de una Europa en paz, solidaria y defensora de los derechos fundamentales.
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