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Opinión

Juan Luis Gandía

Juan Luis Gandía

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad y candidato al rectorado de la Universitat de València

La hora de la centralidad del estudiantado universitario

Estudiantes en la facultad de Filología de la UV.

Estudiantes en la facultad de Filología de la UV. / Miguel Ángel Montesinos

Hay dos tesis que se han repetido con frecuencia, no sólo en el contexto de la creación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), sino entre los movimientos innovadores de la educación universitaria. La primera postula la centralidad del estudiantado y la segunda propugna un cambio en la metodología docente: más que enseñar contenidos, hay que promover una dinámica de aprender a aprender.

El acuerdo sobre ellas ha sido más formal que real, pese a las loables iniciativas de una parte importante del profesorado. Las instituciones universitarias y el vicerrectorado correspondiente, han estado más ocupadas en la implantación de las titulaciones que en el liderazgo de los cambios necesarios en la experiencia de enseñanza-aprendizaje.

En los últimos años, se han venido produciendo varios fenómenos que invitan a asumir con urgencia la centralidad de dicha experiencia y a liderar institucionalmente los procesos correspondientes, dotándolos de los medios necesarios.

Señalaré algunos de los fenómenos a tener en cuenta. Las cohortes que están entrando en las universidades están conformadas por jóvenes que han nacido tras la revolución de los teléfonos inteligentes (el iPhone es de 2007) y, por tanto, sus experiencias y expectativas de lo que es aprender, divertirse, relacionarse y vivir son completamente diferentes a las que tuvieron sus progenitores a la misma edad y también el profesorado. Además, la irrupción y popularización de la IA generativa desde 2022 y su adopción de forma mayoritaria para distintos usos académicos por parte del estudiantado hacen inaplazable ocuparse de estos cambios y del desarrollo de una nueva política docente a la altura de una universidad pública y presencial.

Atención singular merecen dos aspectos que están afectando a lo que puede denominarse bienestar emocional: el primero tiene que ver con la experiencia del confinamiento del covid-19 y la obligatoriedad de la enseñanza online; el segundo, con un encarecimiento de las condiciones de vida, del precio de la vivienda y de la movilidad que, en un número creciente de casos, conlleva la necesidad de compatibilizar la dedicación a la preparación de las clases y algún tipo de ocupación laboral a tiempo parcial.

Aunque, en este momento, no existen estudios suficientes centrados de forma sistemática en lo que está sucediendo – y ello ya es un mal síntoma-, la evidencia recogida a través del programa de encuestas Via Universitària de la Xarxa Vives, en las que participa la Universitat de València, y otras fuentes, muestran algunos resultados interesantes para conocer mejor al estudiantado universitario. Por una parte, se está produciendo una reducción del número medio de horas dedicado al estudio y a la preparación de las materias; aunque las mujeres dedican un número superior de horas que sus colegas varones, también entre ellas dicho tiempo está en retroceso. Por otra parte, se asiste a un incremento del estudiantado que trabaja a tiempo parcial. Además, otro fenómeno que conviene observar con mayor atención es que se está produciendo una normalización del absentismo a las clases presenciales porque se tiene la impresión de aprovechar mejor el tiempo de otra manera. Aunque se mantiene una elevada satisfacción con los estudios, se produce un desapego institucional o lo que también se conoce como falta de sentido de pertenencia universitaria. Si bien una mayoría de estudiantes realizan actividades deportivas, solamente un 7% lo hace en las instalaciones de su universidad. Un porcentaje elevado considera muy mejorable la participación en la vida universitaria. Y, sobre todo, está cambiando el balance entre dimensiones humanas tan relevantes como la familia, el estudio y el ocio/diversión.

Ante estos indicios de cambio social, nuestra candidatura considera que en la anterior etapa de gobierno universitario no se han dedicado los esfuerzos y no se han puesto en marcha los programas relevantes para adaptarse a estos nuevos condicionantes. Al contrario, se ha reducido el personal técnico dedicado a innovación educativa y no se ha definido ni liderado el conjunto de medidas necesario para poner al estudiantado en el centro.

Para nuestra candidatura este objetivo es crucial e inaplazable. Por ello, mediante la integración de lo que ahora son actuaciones dispersas crearemos el Observatori de l’Estudiantat, dotándolo de recursos para que impulse y coordine los estudios necesarios para conocer bien la realidad. Incorporaremos nuevos servicios y coordinaremos mejor los existentes. Y, sobre todo, lideraremos los procesos de mejora de la experiencia de enseñanza-aprendizaje con el consenso entre todas las personas y partes implicadas.

Como afirma nuestro lema de campaña: Amb vosaltres, es pot canviar.

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