Opinión
Ganad por los niños

La afición del Levante UD confía en la salvación del equipo / LUD
A menudo resobamos las palabras hasta que pierden su sentido. Lo del Villarreal no era una final, stricto sensu, ni lo del Barça. Lo de este viernes contra el Alavés, sí. Solo vale la victoria para seguir creyendo, contra un rival de nuestra liga. Si lo conseguimos, jugaremos contra el Girona con la ilusión de seguir vivos, de volver a ganar y de meternos de nuevo, plenamente, en la pelea por la salvación. Pero si no ganamos a los babazorros, apenas que empezar a hablar de milagros.
En esta final, no hay margen de error, ni propio ni ajeno. No sirven como atenuante las faltas de acierto, en la punta de ataque o en la zaga. Tampoco vale escudarse en los errores arbitrales, grotescos o sibilinos pero evidentes en las últimas semanas, ni en el azar, tan esquivo. Hay que vencer, incluso aunque eso se vuelva a dar.
Esta semana han salido a la palestra cenizos de toda clase: los que no tienen más argumento para analizar siempre las derrotas en base a la actitud de los futbolistas, cargando contra ellos, aunque sea profundamente injusto (darlo todo no es, ni en la vida ni el fútbol, garantía de éxito); los que parece que disfrutan retozando en la desgracia; los que hiperventilan de emoción en tanto que mensajeros de malas noticias; y, por supuesto, los de las estadísticas, quienes lo filtran todo a través de ellas, incapaces de discernir que las cifras no revelan ciertos detalles esenciales: por ejemplo, que el equipo estaba hecho unos zorros con Calero y que Castro lo ha tenido que reconstruir contra los cuatro primeros de la liga, el séptimo, el octavo, etc.; por ejemplo, valorando qué contrincantes quedan hasta el final, cuáles ya no y qué calendario tendrán los otros que pelean por la salvación; por ejemplo, que las estadísticas el curso pasado decían que no subíamos; o por ejemplo, que de los siete próximos partidos seis son contra rivales directos de la mitad baja de la tabla, cinco de ellos en casa, una ‘ventaja’ de la que no va a disfrutar ningún otro aspirante a quedarse en la élite.
Y sin embargo, hay que pensar solo en el Alavés. En que el Nou Estadi será una caldera la noche del viernes. En que el equipo debe tirar de la hinchada, con su actitud desde el minuto 1 de ir a por el partido, poniendo el 110% en cada balón dividido, con cada futbolista dando lo mejor de sí mismo, centrando balones en condiciones, sin errores en las transiciones, siendo certeros en el último pase… Y, sobre todo, con una mentalidad ganadora, con la convicción de que las finales se ganan.
Los niños que pueblan Orriols no entienden de estadísticas. Quieren una victoria para pasar la semana callando bocas en el colegio, y levantando la bandera de la esperanza: “Sí, claro que nos vamos a salvar”. En esa ilusión radica el futuro del club.
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