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Opinión

Alberto Gil

Alberto Gil

Periodista

Marcianadas... en el fútbol

Carlos Álvarez lamenta su ocasión fallada en el Camp Nou

Carlos Álvarez lamenta su ocasión fallada en el Camp Nou

“Son reales, pero yo no los he visto”. Cuando lo soltó Obama, vía podcast (qué ganas de españolizar la palabra), dudé si se refería a lo de Isi, al derbi o a nuestro Carlitos. Cuando intercedió Trump hablando de archivos ultrasecretos comencé a torcer el morro y ya cuando nombró “vida extraterrestre” me tapé la boca con la mano más que pasmado. Esas “marcianadas” a las que se referían ¡no eran las nuestras!

Consulté la RAE. Me quité la mano de la cara liberado consciente de que al menos no me habían abducido. Existían. Aquí está. Marcianada: “Dicho o hecho raro, extravagante o disparatado” Respiré, aunque sin dejar de dar vueltas a lo de los humanoides o las esferas luminosas.

La marcianada rara. Rara: Extraordinaria o poco común.

Y tan poco frecuente. Que un futbolista le haga una escuchita a un árbitro cuando está apagándose el partido para darle la razón reafirmando una decisión en contra de su equipo y que además el colegiado le escuche, reprimiendo su afición a ser billyelrápido con sus tarjetas amarillas, es más extraordinario que ver una nave nodriza una noche de verano. Al final, justicia, de este planeta o de otro, pero justicia. Betis-Rayo. El bético Valentín Gómez entra en el minuto 86 con el pie por delante al rayista Ratiu, compañero de Isi. Puede ser expulsión. Puede ser penalti. Revisión (VAR) del árbitro Martínez Munuera y mantiene su decisión. Como si fuera un reptiliano entre los suyos, fue al VAR y ¡no cambió de opinión! Isi le había dicho que no se equivocaba pese a que esa firmeza en la decisión arbitral no beneficiaba a su equipo. Además, luego el bético Diego Lorente alabó en público la ayuda de Isi. Un hecho tan poco común como más que recomendable. Sólo una pregunta al cosmos: qué habríamos hecho cada uno de nosotros en esa situación si esa recomendación al colegiado fuera en la última y decisiva acción del partido que te diera la opción de ganar un título por medio de ese penalti…

La marcianada disparatada: Disparatada: Contraria a la razón.

Contrario a la razón fue el derbi. De ciencia ficción. Dudé si se trababa de una abducción colectiva. Rabia, insultos, desprecios, pitadas, botellazos, empujones, tanganas… Entendidos contextos y promocionando siempre la sana rivalidad de un derbi, no debemos “dar por bueno el empate” y pasar página en cuanto a lo que parte de los que estuvieron allí aquel día protagonizaron. Ese no es el derbi que debería representar las dos instituciones futbolísticas más prestigiosas de la ciudad de Valencia. Fuera de que Pepelu se marchara de su club de toda la vida aún desangrándose (por cierto, es de agradecer su señorío en el paso por el Ciutat) o de que Cömert se creyera (todos dicen que sin maldad) el sioux que le arrebató la bandera al general Custer en “Murieron con las botas puestas”, todo se desbordó para mal. Ni ratas, ni putos, ni putas, ni botellazos. No es el ejemplo para niños y nuevas generaciones. Hay que saber competir sin ningún tipo de violencia.

La marcianada extravagante: Extravagante: Desacostumbrada, excesivamente peculiar u original.

Desacostumbrado es cómo está Carlitos. Es inusual. A los 18 segundos la tuvo en el Nou Camp. Un sueño previo para cualquier granota: que el Levante tenga una antes de los veinte segundos del Barcelona-Levante a pies de Carlos Álvarez delante del portero. Optó por pegarle, el semidisparo salió regulero. Con la cabeza despejada Carlitos habría puesto pausa y quizá el resultado de la acción y del desarrollo del partido habría impedido la cuarta derrota consecutiva. Y esto es lo raro, cómo está Carlitos. Ahora que demuestra que pueden ubicarlo por dentro o por fuera y que cuando aparece juega a otra cosa, Carlitos falló la oportunidad, se mordió el dedo como gesto de rabia contenida y ya le costó entrar en el partido. Es el mejor de la plantilla, su plasticidad en el último pase, su empeño contundente en los duelos, su hábil conducción de balón en carrera, su convicción al ver portería…. Su convicción, eso es lo que no debe abandonarle. Soy el primero en plantar cara al “Síndrome de Carlitos”, ese que sufría el Carlitos dueño de Snoopy, el pesimismo melancólico a esa inseguridad que te zancadillea para no llegar a siempre a lo más alto. Como diría Snoopy: “Carlitos, sigue mirando hacia arriba… ese es el secreto de la vida”. Tu afición te espera para ayudarte a no acostumbrarte a morderte el dedo de rabia porque las cualidades de tu fútbol (peculiar y original) las desearía tener cualquier alienígena.

P. D. Lo que fue de otro plantea es la elegancia de Paco Cortés (18 años), ante Bernal delante de todos los barcelonistas, al pisar el balón para hacer un caño sideral. ¿Será un contactado?

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