Opinión | Bolos
El jardín de los acentos del Cap i Casal entre el futuro de la UV
Cuando un falso debate se convierte en un charco para el valenciano lejos del ámbito universitario

Los cuatro candidatos a rector de la UV: Juan Luis Gandía, Carles Padilla, Ángeles Solanes y Fran Ródenas. / Miguel Angel Montesinos
Sorprendió que una política pragmática, moderada e ilustrada como María José Catalá se metiera en el huerto de cactus de los acentos en València. Primero, porque todo apuntaba a que iba a pincharse, como así ha sido, engatusada por un filólogo herido de resentimiento y con ínfulas varias. Pero, sobre todo, porque, como exconsellera de Educación y Cultura, sabe que el respeto institucional es la base del buen gobierno.
Además, se trata de un debate del siglo pasado, tan superado que solo la desacreditada caverna intenta asomar la mano entre la inmensa mayoría que considera el valenciano un valor añadido colectivo. Un falso debate, además, con el paso cambiado, pues el PPCV solo puede imponerse a Vox desde el valencianismo constitucional, porque los centralistas de Abascal no van a perder ni un minuto entre dialectólogos periféricos. Aspiran, directamente, a derogar todas las lenguas cooficiales en beneficio de una lengua única.
La alcaldesa de València no ha visto venir que el debate tramposo que compró a la ligera no va entre normalizadores y particularistas, sino entre la supervivencia del valenciano —con todo lo positivo que eso significa— y la imposición del “háblame en cristiano”. Para entendernos, a nadie de la RAE —ni siquiera al musculado de notoriedad Pérez-Reverte— se le habría ocurrido firmar un informe para que Cádiz pase a ser “Cadis”, como pronuncian sus liberales gentes desde hace siglos. ¡Si hasta ese fuego lingüístico lo habían apagado, para siempre, Zaplana, Camps, Tarancón y González Pons!
Zaplana, que pactó la AVL con Pujol para hacer méritos ante Aznar, supo rodearse de los mejores y, en este asunto, acudió a Rafael Alemany, un sabio. El prestigioso catedrático de la UA fue capaz, junto con otros, de alcanzar el consenso, ese que hoy ha puesto en peligro el alegre protagonismo de algunos. Por cierto, Alemany ha sido elegido por el todopoderoso alcalde de Benidorm, Toni Pérez, para impulsar los actos del 700 aniversario de la Carta Pobla, que el almirante Bernat de Sarrià firmó para que Benidorm adquiriera naturaleza de ciudad independiente. Pérez, además, es presidente de la Diputación de Alicante y del PP provincial. Alguien con más visión política que quienes aún se atreven a pontificar desde los estrechos límites que van de la Gran Vía Marqués del Túria a la plaza de Cánovas. El PP valenciano será de la Marina Baixa o no será.
Cap i Metropolità
Catalá sí estuvo acertada cuando impulsó la Comisión de Asesoría Científica del Binomio Universidad-Ciudad, integrada por 19 expertos de la UV y la UPV, para repensar la metropolitanidad del área de València. Nada mejor que contar con esa complicidad universitaria —que ha denostado en el asunto de los acentos— para pensar el futuro del Gran Cap i Casal, donde deberán incorporarse empresas, entidades, ayuntamientos y otros actores relevantes. Un diagnóstico compartido es clave para abordar los retos de movilidad, vivienda y seguridad. Ese amplio consenso es el que debe construir la alcaldesa para salir de un charco toponímico que solo beneficia a una minoría revanchista.
Elecciones en la UV
El martes está citada a las urnas la comunidad universitaria de la UV, la más importante de la Comunitat Valenciana por historia, estudios, investigación e influencia cultural. No son unas elecciones más, como indica la intensa campaña de los cuatro candidatos, en la que el voto ponderado del profesorado resulta determinante. Hace tiempo que los comicios universitarios se alejaron de cuitas ideológicas y prima, más bien, el componente endogámico. A la candidatura que partía como favorita le ha salido una alternativa que ha aireado todos los conflictos habidos y por haber. Todo apunta a una reñida segunda vuelta entre ambas.
El futuro de la AVL
En las próximas semanas está prevista la renovación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), lo que obliga a dejar el cargo a la actual presidenta. Dado que la institución tendrá un papel relevante en los próximos meses, sería oportuno que se descartaran perfiles ágrafos, partidistas o de parentesco para su relevo. Además, se presenta una ocasión única para que el todavía académico Abelard Saragossà se haga un favor y dimita, para enredar en otros lares y, a ser posible, también lejos del Palau Arquebisbal.
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