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Parlamentar. Sólo vale parlamentar

Muerte Niñas Colegio Irán Foto

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El régimen iraní autodenominado “teocrático“ e “islamista” ha sofocado las protestas de estas últimas semanas asesinando a decenas de miles de personas. Considerar que la autoridad política emana directamente de un Dios (teocrático) e interpretar torticeramente el islam convirtiéndolo en una corriente política -minoritaria, por cierto- dentro del mundo musulmán (islamista) es una barbaridad que nos retrotrae a los períodos más oscuros de la historia de la humanidad. Y es evidente que la situación no ha mejorado en el último medio siglo.

Pero todo ello no justifica en modo alguno arrinconar el Derecho Internacional para volver pura y llanamente a la ley de la selva donde el más fuerte -en versión chuloputas de barrio- impone su designio a puñetazos. Por muy justo que pudiera parecer ese designio. Tirar por la borda cinco siglos de esfuerzo, desde Francisco de Vitoria y Francisco Suárez hasta Hugo Grocio, desde la Paz de Westfalia y la Sociedad de Naciones hasta el sistema -siempre imperfecto, como no puede ser de otra manera- de la Organización de las Naciones Unidas, es una irresponsabilidad que debería avergonzarnos a todos, pero mucho más a los ciudadanos de los países -supuestamente democráticos-agresores.

Quizás ha llegado la hora de gritar !basta! y de repetir una y otra vez, hasta grabarla, la magnífica definición que el diccionario nos regala del verbo “parlamentar”: “Entablar conversaciones con la parte contraria para intentar ajustar la paz”. Es verdad: entablar, intentar y ajustar manifiestan sin ningún género de duda la fragilidad y la imperfección de la empresa, la misma fragilidad e imperfección que envuelve a cualquier relación humana. Simplemente porque las palabras y la voluntad no son garantía de éxito. Pero también es verdad que la historia es terca al demostrar una y otra vez, hasta la saciedad, que la violencia solo genera violencia, resentimiento, rencor y ansia de venganza. Porque quebrado el sistema, como se ha vuelto a hacer, ya vale todo. Todo. Y todos contra todos. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? ¿En nombre de quién?. No protestemos luego, ciudadanos, cuando nos toque sufrir en nuestras carnes las consecuencias de este desvarío si en su momento no fuimos capaces de alzar la voz para recordarles a los poderosos, es decir a los que hemos otorgado “Dominio, imperio, facultad y jurisdicción para mandar o ejecutar algo”, que les hemos elegido para que parlamenten sin descanso y no para que se instalen en el antidiálogo y que su obligación prioritaria debe ser -recordando las enseñanzas de José Antonio Marina- simplemente “convertir los conflictos en problemas”.

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