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Opinión | El día del señor

València

El veinte por ciento

Valencia .Personas mayores en la entrada del Centro de Salud de Russafa . Falta de geriatras en el sistema de salud publica. SANIDAD . CENTRO DE SALUD DE RUSSAFA . PERSONAS MAYORES . ANCIANOS

Valencia .Personas mayores en la entrada del Centro de Salud de Russafa . Falta de geriatras en el sistema de salud publica. SANIDAD . CENTRO DE SALUD DE RUSSAFA . PERSONAS MAYORES . ANCIANOS / Francisco Calabuig / LEV

La salud se internacionaliza cosa que satisface a todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad. Algunas técnicas de la medicina y en particular de la cirugía parecen cosa de brujos. En el domicilio, por cierto, del presidente de Estados Unidos –Mar-a-Lago, con harta frecuencia se ha repetido una pauta ya conocida: algún tiro desencaminado y un buen mitin antes o después. A este paso van a palmar hasta el bueno, el malo y el feo.

Las limitadas asistencias sanitarias que reciben los ciudadanos USA supongo que responden a la necesidad de mantener el estilo de vida americano y el rudo y elegante perfil de caballeros. Aun así, en Salamanca, las expectativas de vida de los hombres ya superan los 86 años y un poco más pese al jamón ibérico, los tintos enérgicos y su condición de caballistas y valientes que doblegan a los toros bravos.

Me encuentro en la calle (en la calle Hospital, que hace al caso) con un conocido que ha sometido su corazón a un descendente y atinado paseo eficaz. No me tengan en cuenta la inexactitud de la terminología, pero es una intervención cardiaca que se hizo primero por lamparoscopia, luego con nitrógeno líquido y ahora con descargas eléctricas. La técnica no para y más si va a recibir algún detalle de generosidad del viejísimo Cronos.

Ahora ya no es extraño que un tipo como Mel BrooksEl jovencito Frankenstein– vaya a alcanzar el siglo en su partida de nacimiento. Algo parecido le va a suceder a Eduardo Sancho –uno de los fundadores del exitoso invento de la televisión– que en unos meses subirá al contador de años los cien. No está nada mal, aunque para mi es un enigma ver a los juristas del Tribunal Supremo de los Estados Unidos ajustar aranceles como si la cosa fuera con la balanza de pagos y el import/export. Y menos aún con un fijo del 20 % cosa que debe parecerle muy igualitaria, casi comunista, al bueno de Trump. Ahora solo falta que los ciudadanos promuevan el consumo responsable de requesones porque no tienen grasa y del aceite virgen extra de oliva. Ahora hay más intérpretes de la realidad de los que caben en un casino.

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