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València

Necesitamos hacer más universidad

La universidad pública sigue siendo el mayor instrumento de progreso social y personal del que disponemos como sociedad. Por eso es más necesaria que nunca en un contexto como el actual

Estudiantes universitarios en el campus de Tarongers de la Universitat de València.

Estudiantes universitarios en el campus de Tarongers de la Universitat de València. / Francisco Calabuig

Me presento a rectora de la Universitat de València con una profunda convicción: la universidad pública sigue siendo el mayor instrumento de progreso social y personal del que disponemos como sociedad. Por eso es más necesaria que nunca en un contexto como el actual: un mundo en transformación digital, transición ecológica, polarización ideológica, desafección política y crecimiento de las desigualdades entre personas.

Mucha gente de mi generación, y de las precedentes, hemos sido las primeras personas universitarias de nuestra familia. Y eso nos permitió acceder, no sin enfrentar diferentes dificultades, a puestos de trabajo cualificados.

La universidad pública no solo nos proporcionó formación: nos cambió la vida. Nos hizo comprender que el conocimiento, cuando se comparte, cuando se democratiza, es la herramienta más eficaz para reducir desigualdades y ampliar horizontes. También para impulsar nuevos proyectos empresariales y conseguir ventajas competitivas sostenidas en el tiempo que permitan el crecimiento económico y el progreso social del territorio en que vivimos.

Esa certeza, contrastada en estudios empíricos, es la que guía el proyecto al rectorado de la Universitat de València que tengo el honor de encabezar.

A lo largo de los últimos meses he recorrido los campus universitarios, he hablado con estudiantes y compañeros y compañeras que trabajan en diferentes puestos en la UV. He escuchado sus historias, sus inquietudes y preocupaciones, también sus quejas y, sobre todo, sus propuestas.

Porque son gente comprometida con la idea de universidad pública que es la UV: una universidad que no deja a nadie atrás.

En los tiempos actuales esa universidad se evidencia más necesaria que nunca: cuando escuchas historias de estudiantes que combinan estudio y trabajo precario, de jóvenes que buscan alojamiento asequible, de personas que sufren el retraso del tren o el autobús y las conexiones de transportes que llegan con vagones llenos.

La UV no es un conjunto de edificios, ni tampoco de estructuras administrativas: es una comunidad de personas

Para mí, la UV no es un conjunto de edificios, ni tampoco de estructuras administrativas: es una comunidad de personas.

Personas que cada día hacen universidad: como estudiantes, como profesores o profesoras, como investigadores o investigadoras, como trabajadores o trabajadoras en las múltiples tareas que se desarrollan para cumplir nuestra función social.

Por eso no me gusta el concepto de “recursos humanos”: somos personas comprometidas con una idea de universidad pública al servicio de la sociedad.

Personas que han sufrido las restricciones a la contratación, que ven con preocupación el horizonte de estabilización, que se enfrentan a cambios tecnológicos o de aplicaciones sin que les hayan proporcionado la formación adecuada, que se inquietan por conocer las trayectorias de carrera profesional y mejora de empleo que pueden seguir.

He escuchado sus historias, y yo también he vivido situaciones similares, también conozco la frustración del exceso de burocracia y la rotación de trabajadoras y trabajadores, las limitaciones y restricciones en la contratación y el estrés en la entrega de documentación y justificación de proyectos y subvenciones.

Por eso, cuando afirmo que nuestra candidatura sitúa a las personas en el centro, no se trata de un mero eslogan: vamos a crear un vicerrectorado de Salud y Bienestar. Somos la única candidatura que lo propone.

Y lo proponemos en el marco de un programa electoral realista, resultado del proceso de escucha y diálogo. Un programa ambicioso que es posible entre todas y todos. Un auténtico programa de transformación de la UV: 5 áreas de transformación, 22 objetivos, 1.146 medidas concretas. Respuestas claras a problemas complejos.

Presentamos, también, un equipo plural y solvente, experimentado, que conoce de primera mano las inquietudes y preocupaciones de la comunidad universitaria, porque también son las nuestras.

Hay que simplificar los procedimientos de gestión, reducir la burocracia que duplica tareas y hacer una administración digital inteligente, sencilla, con IA y al servicio de las personas. Digitalizar no es deshumanizar: las personas no somos un recurso productivo en una maquinaria impersonal.

Proponemos una transformación responsable de la UV, y eso exige una nueva gobernanza: presupuestos participativos; colaboración en el diseño de espacios, equipamientos, aplicaciones y actividades; y procesos de consulta en los nuevos procedimientos e iniciativas.

Impulsaremos ayudas a estudiantes para el comedor, el transporte y el alojamiento, y medidas para mejorar la vida en los campus, fortalecer la docencia y la investigación sin perder la dimensión humana.

Incrementaremos hasta el 10 % del presupuesto propio para la financiación de proyectos de investigación, crearemos una oficina de apoyo a la carrera profesional, gestionaremos de manera más eficiente la elevada rotación de personas y su desajuste formativo con los puestos de trabajo.

Reivindico una universidad que sea motor del territorio, sostenible, que apueste por la cultura y que tenga una visión ampliada del mundo.

La universidad pública ha demostrado a lo largo de los siglos que es una de las mejores inversiones que puede hacer una sociedad. Por eso haremos más universidad para todas y todos.

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