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Opinión | Va de bo

Dos estilos y cuatro poetas para la final

Dos estilos y cuatro poetas para la final

Dos estilos y cuatro poetas para la final

Una imagen vale más que mil palabras. Fue en los segundos que transcurren después de ganar el último y definitivo ‘quinze’ tras varios golpes mágicos, de ejecución perfecta y de criterio matemático. Francés se dirige a abrazar a Nacho en el trinquet El Rullo DE Riba-roja. Estaban en la final. El de Petrer había pasado dos o tres rebotes imposibles , levantado varias pelotas de peso, devuelto una arrimada a la muralla con izquierda elegante; fue uno de esos ‘quinzes’ eternos, con golpes cada cual más precioso e intencionado. Francés abre los brazos dispuesto a fundirse con Nacho. El de Beniparrell no lo abraza. Lo eleva en un esfuerzo que parecía imposible. Nacho lo hubiera sacado a hombros cual maestro de la tauromaquia tras una lidia repleta del más completo repertorio de filigranas técnicas y artísticas. Nacho, que hoy es el número uno de los ‘mitgers’ demostraba con humildad su admiración hacia el resto que hoy atesora todos los secretos de esa sublime forma del Joc de Pilota que es la Escala i Corda. Ese gesto de levantarlo era el reconocimiento de estar ante un jugador excepcional, ante un poeta de los trinquetes.

En el viejo bachillerato, cuando se estudiaba la literatura del barroco español se nos diferenciaba el conceptismo del culteranismo. La primera de las tendencias incidía en la agudeza intelectual mientras que el culteranismo apostaba por las formas y la belleza poética. En resumen, abrazar el fondo o la forma. Quevedo frente a Góngora. En los debates intelectuales de las diferentes cátedras pelotísticas del Joc de Pilota encontramos las dos tendencias a lo largo de la historia: Quart frente a Lliria o Juliet; Eusebio contra Rovellet; o el mismo Genovés contra todos…La dicotomía entre poder de pegada y tecnicismo elegante. Lo hermoso de esta historia es que para ser figura el conceptista evolucionará hacia el culteranismo, como hizo Eusebio, y el pelotari técnico utilizará su sabiduría para encontrar la eficacia de cada pegada. Francés hace de la elegancia deslumbrante de un rebote un pelotazo con criterio que remata inapelable el “quinze”. Sintetiza las dos tendencias. Exactamente igual que Nacho, ambos con años de carrera para aplicar sus conocimientos porque esa fusión de cualidades no se consigue así como así. Requiere años de oficio.

Francés y Nacho se enfrentarán en la final a dos representantes de la escuela de Quevedo. Alejandro e Hilari van al grano, sin rodeos, buscan el “quinze” aprovechando su pegada, sin florituras técnicas, con la fortaleza de su exultante juventud. Confían en su concepto del juego. Ellos, que saben de la necesidad estética para calar en los aficionados, acabarán impregnándose de la poesía que emana de cada jugada , medirán los espacios, dominarán las trayectorias, pensarán con criterios artísticos y disfrutarán de sentirse poetas del trinquet. Esas enseñanzas que requieren, como decía Eusebio, del bachillerato y de los años de carrera universitaria. De momento confían en su poderosa pegada para hacer frente al arte poético de sus rivales. Una vez más, el fondo y la forma. La final tendrá conceptismo y tendrá culteranismo en la catedral del arte barroco que es la pilota valenciana. n

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