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Cola de mujeres con burka en Kabul.

Cola de mujeres con burka en Kabul. / Reuters

Con motivo del ocho de marzo, es oportuno reflexionar sobre si debe o no, prohibirse el burka y el nicab en espacios públicos. Ambas prendas (o el hiyab) son usadas por la mayoría de mujeres musulmanas. No todas. Hay muchas que cuando pueden permitírselo no lo llevan, incluso algunas, no las olvidemos, que mueren por quitárselo. Dicen que es una cuestión religiosa; mas no lo creo y desde el respeto a lo religioso, daré mi opinión.

Independientemente del inteligible orgullo cultural o racial, adecuado en celebraciones puntuales o determinadas localizaciones geográficas, estas prendas o cualquier tipo de instrucción regulatoria sobre la persona del otro, es una imposición injustificable nunca propuesta por quienes las padecen. Como no lo es la mutilación genital femenina.

Los musulmanes de hoy no son más rigoristas que los cristianos de ayer. No hace muchas décadas, aquí en España y en el resto de cristiandad, las mujeres iban a misa con velo en señal de recatado respeto; y cuando enviudaban vestían de negro con pañuelo que les tapaba el cabello (hiyab) en signo de duelo, les gustará o no, y la que no lo hacía era mal vista.

Aún hoy en algunos templos cristianos católicos con sacerdotes falsamente ortodoxos, se pide a mujeres y hombres, una vestimenta respetuosa, impidiéndoles el paso si la que llevan no lo es a ojos censores. Debe ser (y esto sirve para cualquier religión del mundo) que Dios creó a hombre y mujer vestidos; si no me equivoco en el Génesis no lo dice, es más se enfada al descubrir al hombre oculto (vestido) por vergüenza, no por su mandato.

Dicen teólogos islamistas que, en el Corán no se menciona el modo concreto de vestir o no vestir de sus seguidores, sean hombres o mujeres, que el burka o nicab es en realidad una costumbre impuesta recientemente (un siglo).

La Biblia habla de respeto, moderación y sobre todo humildad, nada de vestimenta para el pueblo creyente. Conceptos sujetos a la realidad cultural de cada tiempo; lo que para nosotros puede ser un escándalo, por ejemplo mostrar los pechos desnudos y perfectamente maquillados, hubo un tiempo en que eran moda griega y romana.

Si observáis tanto cristianos como islámicos, hablamos de cómo deben vestir las mujeres. Nunca los hombres. Tal vez tengan razón ellas, cuando afirman que es una coerción patriarcal. Imponer el uso de un distintivo nada tienen que ver con religión u orden, sí en cambio, con identificar para otros fines menos benignos. Muchas órdenes religiosas cristianas abandonaron el hábito sin perder la fe que no depende de un signo externo.

Permítanme una provocación a los moralistas religiosos del Libro. ¿Puede atribuirse a Eva la responsabilidad exclusiva del pecado original teniendo en cuenta que Adán era mayor y primer receptor del aliento divino? ¿Es el cuerpo de la mujer el único inductor del pecado? ¿Es el cuerpo femenino quién provoca el deseo irrefrenable de tomarlo? La respuesta es no.

Hay miles de niños y jóvenes varones violados en el mundo. No solo hembras. Hoy, como ayer, hay quien prefiere el cuerpo de un muchacho al de una mujer. Este proceder no es exclusivo de la antigua Grecia y continúa practicándose. Pederastas y violadores merecen sin excepción el más duro infierno.

La identidad física de las personas, que es justamente lo que las individualiza, no puede ser invisibilizada por ninguna norma social o religiosa. Defendamos el derecho de la mujer (y de cualquiera) a vestir libremente como le plazca. Luchemos por la vida y la libertad de las mujeres de Irán, de Afganistán, y de todos aquellos países con normas represoras. Que nadie sea obligado a opacarse tras una máscara: no al burka, nicab o hiyab...ni al pasamontañas.

¡No, la guerra ilegal e injusta no es la solución! Lo que es contradictorio, impúdico e inmoral es usar el Nombre de Dios, para establecer normas que Él jamás impuso, para reprimir y atacar a las mujeres (u hombres) en su dignidad expresada desde la libertad. Mucho peor es matar que es contrario a Dios. El tiempo de Cuaresma (o Ramadán) debería propiciar la reflexión.

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