Opinión | Bolos
Sorpresas universitarias
Tras una elección a rector competida en la UV, Martínez encuentra un nuevo reto en la UIMP-València, donde intentará devolver a la institución el protagonismo perdido

Juan Luis Gandía y Ángeles Solanes en la UV. / UV.
A veces las universidades también regalan paradojas. La Universitat de València acaba de cerrar la campaña más competida de los últimos años, con heridas visibles y media comunidad rumiando el resultado, y en medio de ese paisaje reaparece Vicent J. Martínez. No como candidato a rector, esta vez, sino como nuevo responsable de la UIMP en València. Y no deja de tener ironía que quien pudo haber sido un magnífico rector encuentre ahora acomodo en una institución que también necesita dirección, ambición y proyecto.
El nombramiento tiene más calado del que parece. La sede valenciana de la Menéndez Pelayo, instalada en el Palau de Pineda, en plena plaza del Carmen, llevaba demasiado tiempo instalada en una discreción impropia de su historia. Hubo años en que fue uno de los centros académicos y culturales con más nervio de la ciudad. Después llegaron la rutina, el bajo perfil y esa forma tan nuestra de dejar que los espacios valiosos se apaguen sin hacer demasiado ruido.
Por la UIMP de València han pasado nombres de peso, desde Jordi Palafox y Joan Romero hasta Joaquín Azagra, José Sanmartín o Domingo Moratalla. Joan Álvarez, además, intentó que la Escuela de Guionistas sirviera de palanca para una industria audiovisual valenciana que sigue esperando, entre promesas y retrasos, una apuesta de verdad. No era poco legado. Tampoco era pequeño el reto.
Nunca sabremos qué habría ocurrido si Martínez hubiera optado a una tercera carrera por el rectorado de la UV. Esa pantalla ya se ha cerrado. Pero hay otra que acaba de abrirse y puede ser igual de relevante. Porque la UIMP-València gana con su llegada un perfil solvente, prestigio académico y una mirada universitaria reconocible. Y porque, si hay trabajo, respaldo institucional y algo de determinación, sus cursos pueden volver a ocupar el lugar que nunca debieron perder.
Conviene reconocer también el papel de la consellera Carmen Ortí, necesaria en una operación ligada al convenio entre la Generalitat y la UIMP.
Mientras tanto, Juan Luis Gandía hereda una UV más dividida. Su verdadero examen será suturar la fractura y devolver centralidad a la institución. La universidad no está para frivolidades. Y mucho menos cuando de sus aulas deben salir quienes después tendrán que sostener el país.
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