Opinión | Algo personal
La bolsa o la vida
Es la Justicia, con J mayúscula, la que me mosquea y me convierte en un desconfiado, en un tipo que mira a los juzgados de reojo, que a lo mejor muchas veces ve fantasmas donde no existen. Pero qué quieren que les diga. Uno ve lo que está pasando estos días con Mazón y no le queda otra que torcer el morro

Manifestación del 29 de noviembre de 2025. / Levante-EMV
Hace muchos años había una manera de atracar a la gente. Ahora seguramente hay muchas maneras de hacer eso mismo: los tiempos cambian, como cantaba Bob Dylan cuando era muy joven y -dicho sea con todo respeto al artista de Minnesota- ya tenía esa voz de pato que nunca ha abandonado. Qué mal cantaba, joder, qué mal cantaba. Pero a pesar de eso, ya sabíamos que se iba a convertir en uno de los grandes, aunque qué quieren que les diga: mira que ponerse a cantarle nanas al Papa de Roma... En fin, que decía que los tiempos han cambiado porque ahora ya no se dice como se decía antes cuando atracaban a alguien por la calle: "¡la bolsa o la vida!". Era lo clásico. Y en algunas películas ese atraco se producía por la espalda y con pistolas de juguete. Ahora muchísimos atracos -¡muchísimos!- se hacen con una cierta elegancia y en miles de casos -para más recochineo- en nombre de la ley.
A mí, qué quieren que les diga, la Justicia siempre me ha mosqueado un poco. Bueno, claro que hay más cosas que me mosquean en estos tiempos dominados por un psicópata ante el que se arrodilla cayéndole la baba medio mundo. Pero de entre todos los mosqueos más cercanos, más de andar por casa, seguramente el de la Justicia es el que más me enturbia la razón. Y mira que tengo amistades que pertenecen al mundo de la judicatura. Quiero decir que tengo grandes amigos y amigas que son jueces o juezas. Pero me refiero a la Justicia escrita así, con esa J mayúscula que impone un montón. Es esa J la que me mosquea y me convierte en un desconfiado, en un tipo que mira a los juzgados de reojo, que a lo mejor muchas veces ve fantasmas donde no existen. Pero qué quieren que les diga. Uno ve lo que está pasando estos días con Mazón y no le queda otra que torcer el morro.
La jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra había solicitado al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) que igual estaba bien lo de imputar al Guinness Gastronómico del Ventorro por su (no) gestión de la dana el 29 de octubre de 2024. Después de más de un año de instrucción, de recoger multitud de testimonios, de dar la voz a muchísimos de los protagonistas principales de la tragedia, después de todo eso va y la Fiscalía Superior de la Comunidad Valenciana dice que no, que la jueza ha de recabar más indicios, que a lo mejor sí que puede ser imputado penalmente el expresidente de la Generalitat, pero que de momento esa imputación no goza de su aceptación y le pide al TSJCV que devuelva los papeles al Juzgado de Catarroja para que siga acumulando indicios que hagan posible -si toca- sentar en el banquillo al todavía diputado del PP en el Parlamento valenciano.
Más indicios, dice la Fiscalía. ¿Más indicios después de lo sabido en este año y pico de saber lo que sabemos? Recuerdo los tiempos de "la bolsa o la vida", de cuando los atracos se hacían a veces con pistolas de juguete, de cómo a lo mejor y según para qué cosas los tiempos tampoco han cambiado tanto después de los cincuenta años que llevamos de democracia. Sobre todo, en lo que creo que han cambiado poco o nada es en la dichosa J mayúscula que sigue haciéndole la ola a la delincuencia aristocrática (¡ay, el emérito y el novio de Díaz Ayuso!) y enchironando sin tregua a los robagallinas de toda la vida.

La actual Consellera de Justícia, Mazón y el Fiscal Superior de la Comunitat Valenciana. / Levante-EMV
La gente de la calle lo tiene mal con la Justicia. La gente que se fue aguas abajo aquel fatídico 29 de octubre -su memoria- lo tiene mal con la Justicia. Creo que entre la Justicia y la vida hay una brecha que nunca se ha conseguido cerrar porque aquí los jueces y las juezas -con bastantes y nobles excepciones, faltaría más- siguen teniendo el retrato de Franco en la mesilla de noche. Recuerdo Oda a Venecia ante el mar de los teatros, el impresionante y lejano poema con aires lorquianos de un jovencísimo Pere Gimferrer (entonces Pedro por prescripción facultativa) y su libro Arde el mar. Y el verso con que empezaba el poema: "Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos". Pues así la Justicia. La vida va por donde puede mientras la Justicia va a su bola, con su incomprensible mecánica y una simbología que demasiadas veces huele a esas bolitas de alcanfor que se usaban antes (no sé si ahora) para que la ropa en los arcones no acabara siendo pasto de polillas. Sí, nunca la Justicia de la J mayúscula dejó atrás su querencia franquista. Nunca.
No me olvido de Mónica Oltra y sus idas y venidas a los despachos de la bolsa o la vida. Tampoco de las víctimas de la dana, de sus familias y de ese individuo que, con la complicidad de sus jefes actuales y el nuevo presidente Pérez Llorca a la cabeza, sigue estando vergonzosamente protegido por su partido y las altas esferas de la judicatura. Más indicios, exigen esas altas esferas a la jueza de Catarroja para imputar a Mazón por cómo se tomó a guasa una tragedia que dejó 230 personas muertas y una tristeza y una rabia infinitas en las casas familiares. Como tantas otras veces, esa misma rabia, mis dudas sobre el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana y la misma tristeza las comparto con esas familias en esta columna de domingo. Y con ustedes, claro. También con ustedes.
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