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Opinión | LA VELETA DE PAPEL

València

Escrúpulo

El humo se eleva tras un ataque aéreo en el centro de Teherán (Irán), este martes. EFE/ Abedin Taherkenareh

El humo se eleva tras un ataque aéreo en el centro de Teherán (Irán), este martes. EFE/ Abedin Taherkenareh / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

A diario me planteo si es lícito desear la muerte física de alguien, no solo su inhabilitación política o social. Mi fe católica me recrimina incluso que me haga esa pregunta, pero reconozco mi debilidad: no puedo evitarla. Ni aislarme de una multitud de imágenes y sonidos con que la actualidad nos bombardea. De las declaraciones de los responsables de atrocidades merecedoras de constar en los anales de la brutalidad humana en lugar preferente. El cinismo ha alcanzado el cenit (hasta ahora) de su significado en boca de gente que nunca leyó un libro, ni siquiera su contraportada.

Realmente los extraterrestres han llegado a la tierra para destruirla, porque Netanyahu, Putin, Trump y unas docenas más, deben de serlo. No son humanos, no tienen ni un gramo de decencia ni vergüenza, ya no digamos de compasión. Debería pensar en que sean sus pueblos quienes corrijan estas anomalías, pero no veo indicios de vaya a ocurrir, por eso me asalta la duda de si no será de agradecer algún magnicidio, que sé que está mal. No creo que ellos tuviesen mis escrúpulos a la hora de plantearlo, es más ordenan cosas peores a diario sin despeinarse.

Es insoportable ver la frivolidad de estos marcianos y sus aduladores, la indecencia en su grado sumo. Trump ante la muerte de 165 niñas por un misil americano contesta que: “no lo he visto”. Estaba jugando al golfo y no hay que molestarlo. El jodido israelí pendiente de juicio por corrupción (y otro merecido de crimen de lesa humanidad) se sonríe ante una inmensa montaña de cadáveres en oriente próximo y parece el amo del mundo siendo que, gracias a las potencias de las que se mofa, es un estado forzado.

Ha caído la cortina, que velaba la realidad; la paz era el desarme del mundo y el rearme de los agresores; la división interesada en grupúsculos aislados dentro de sus pequeñas y débiles fronteras; el triunfo de la inmoralidad sobre la ética; la paz no era la paz sino el narcótico de los que esperan la muerte, por qué si no ¿cómo nos explicamos la impotencia militar de todas las naciones? ¿cómo la superioridad de esos locos ejércitos? Desde el silencio de los corderos, la corrupción política y nuestra indolencia. ¿Nada, no podemos hacer nada? ¿Tenemos que estar al albur de estos infames? Sinceramente pinta mal, muy mal y vamos tarde.

El régimen de los ayatolas debe caer, no el islam, sino los represores. Pero Persia (Irán) ya era nación en el 559 a. C. cuando el continente americano era tierra ignota, y EE.UU. (1776 d. C) ni siquiera embrionario. Por cierto y aunque es poco conocido el estrecho de Ormuz y la isla con ese nombre fue posesión de España (unida a Portugal) desde 1588 hasta 1622 en la que fuimos derrotados por los persas ayudados (como no) por los anglosajones.

Una cultura anterior a Grecia y Roma, hoy islámicos antes zoroástricos, con 90 millones de habitantes, no va a ser aplastada con facilidad. La guerra va para largo. El mejor ejercito del mundo de su época, con un general megalómano pero eficaz estratega ilustrado, Napoleón, comenzó su declive ante un pueblo casi desarmado, pero no resignado: el nuestro. Estoy seguro que Irán sobrevivirá y deseo que con libertad incluidas sus mujeres, logrará zafarse de las sucias garras de estos salvajes buitreros. No deseo para los asesinos agresores una buena muerte, Dios me perdone.

Vayamos a algo positivo. Hay una costumbre ancestral china en algunos pueblos de elegir anualmente a las personas consideradas de mayor bondad y por tanto, merecedoras del reconocimiento de sus vecinos, siendo ejemplo para el resto del mejor modo de comportarse y convivir desde su propia y única personalidad. Creo que en ningún ayuntamiento español nos hemos planteado jamás (nec ego id feci) hacer un homenaje a los que consideremos que son las más buenas personas, sí a los mayores o algún personaje, pero nunca por ser simplemente una buena persona, y eso es justamente lo más importante. Rectificar sería de sabios.

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