Opinión | El falso nueve

Periodista
'Molto longo'

Eray Cömert celebra su gol contra el Alavés en el tiempo añadido. / JM López
De saldo están los últimos minutos de los partidos de fútbol. Esos que se denominan “tiempo añadido” o “descuento”, que servían toda la vida para que los señores colegiados ajustaran un poco la duración del encuentro después de presenciar las pérdidas de tiempo de piscinazos indecentes, porteros que olvidaban momentáneamente la velocidad con la que es habitual sacar de puerta o artimañas de toda índole de los caparrosistas alrededor del terreno de juego cuando el marcador les favorecía.
Aquellos dos o tres minutos, porque llegar a 4 ó 5 era histriónico y pasar de eso casi ilegal, se incineraron hace ya muchas Fallas. Ardieron y no regresaron, salvo en contadas ocasiones para recordar que era otro fútbol. Y ahora convivimos con una nueva secuela del VAR. Esas maratonianas decisiones con jugadores sobre el césped sin saber si van ganando o perdiendo el partido, corros de futbolistas alrededor del árbitro en su paseíllo hasta la cámara a pie de césped, y gritos en el graderío al ver la jugada sospechosa en el videomarcador. O sea, que los partidos de fútbol ya no duran 90 minutos. Ya no procede utilizar el “noventa” para nombres de programas deportivos, de cuentas online futboleras, de peñas irreductibles, de bares en los aledaños de los estadios (acabados o no)… Ni si quiera deberíamos usar ya el “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”, pese al disgusto de Juanito.
Y en estos descuentos más largos que las rebajas de enero ocurren infinidad de acciones, muchas de ellas decisivas: visitas del colegiado al VAR y goles anulados o no. No les parezca exagerado que los cuerpos técnicos y las plantillas de profesionales del fútbol ya estén trabajando seriamente en la duración exacta del tiempo de los partidos, llamando como se quiera al añadido. Para afinar en lo que hacer, en el cómo, pero también en el cuándo, después de comprobar la indudable trascendencia de esos minutos a los que antes nunca se llegaba.
Porque sí, pasan muchísimas cosas del minuto 90 al infinito. Un ejemplo, esta última jornada de Liga en las dos categorías del fútbol profesional. Pregúntenle al Alavés cuando sufrió la rosca del amarillo Pepe en el 98, o a Las Palmas que el lunes le marcaron en el Belmonte en el 95 y en el 101, y también a los que vieron los tres de los ocho tantos del Málaga-Huesca del minuto 93 al 99.
“Redimonis!” gritan los que ya han pasado por Convento para ver la falla de las fallas (enhorabuena). Y “Redimonis!” gritan también los levantinistas enfadados. Paradón de Ryan, que es un porterazo, a De Frutos en el 89; ya en el ¡94! Pathé Ciss se ayuda del brazo para controlar un balón en el área y hacer el empate a uno cuando el Rayo jugaba con uno menos desde del minuto 53. El senegalés no sabía que contestar en el postpartido. “¿Mano? Mejor no decirlo” entre otros síes y noes ante la misma pregunta de otros periodistas.
Ahora que vemos agonizar el minuto 90, propongo a algún artista que se anime a levantar una falla con un número nueve y un número cero de dimensiones incalculables, rodeados de ninots contra las injusticias del fútbol actual. Y mientras que los finales de los partidos no se nos hagan a todos… molto longo.
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