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La felicidad. ¿Está a nuestro alcance?

Imagen de archivo sobre la felicidad.

Imagen de archivo sobre la felicidad. / ShutterStock

Definir qué es la felicidad puede ser fácil y muy complejo al mismo tiempo, porque ésta varía según la época, la cultura, el entorno y nuestras vivencias. En general, se concibe la felicidad como una suma de placeres o como un estado de permanente bienestar en el que no hay espacio para el dolor ni para el sufrimiento. Sin embargo, el psiquiatra Enrique Rojas afirma que para ser feliz se requiere tener una personalidad equilibrada y poseer un proyecto de vida basado en el amor, en el trabajo, en la cultura y en la amistad.

Pienso que la felicidad no es un estado absoluto y que, al no conseguirlo, nos lleva a la insatisfacción y a la frustración, sino que lo que existe y a lo que creo que debemos aspirar es a una felicidad puntual, relativa o razonable, apreciando lo que tenemos, relativizando lo que nos falta y cultivando una actitud agradecida, que alcanza su plenitud cuando lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos mantienen cierta coherencia. Para lograrlo hemos de saber quiénes somos, qué valoramos y qué es lo que da sentido a nuestra vida. Y para su consecución, el investigador Ben-Sahar, filósofo de Harward, afirma que los componentes claves de la felicidad son: el optimismo, la capacidad de resiliencia, la salud física y mental, la gratitud practicada habitualmente y la satisfacción que produce la solidaridad y la generosidad.

Dentro de esta felicidad razonable que podemos lograr, hemos de ser conscientes de que nadie puede ser feliz las veinticuatro horas del día, porque la vida no es perfecta, ya que para vivir se necesita sufrir, y no podemos controlar que nada malo nos suceda, puesto que existe la muerte, la enfermedad y el envejecimiento, y tarde o temprano hemos de sentir dolor, tristeza, ira, miedo o frustración. Y no pasa nada.

Cada año desde 2013, el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, bajo el auspicio de Naciones Unidas, para reconocer la importancia del bienestar y la alegría como aspiraciones universales del ser humano, y se invita a gobiernos, instituciones y personas a reflexionar sobre cómo construir sociedades más justas, solidarias y sostenibles, en las que cada persona pueda tener una buena calidad de vida y acceso a la educación, la salud y las oportunidades. Los Gobiernos y las Instituciones deben procurar el conseguir estas metas para cada uno de los ciudadanos, pero también han de esforzarse porque la educación y la cultura lleguen a todos, ya que estas herramientas nos posibilitan leer y reflexionar y así lograr abrir nuestra mente, tener un criterio y aprender a pensar por nosotros mismos.

Con independencia de lo que los Gobiernos e Instituciones pueden hacer, me pregunto qué es lo que cada uno podemos hacer para conseguir nuestra felicidad y también para contribuir a la felicidad de los demás. Tengo la absoluta convicción que la empatía, los actos de solidaridad, el respeto, la comprensión y la gratitud no sólo ayudan a los demás a sentirse mejor, sino que nos sirven a nosotros para experimentar una satisfacción más profunda, puesto que como dijo Albert Schweiter, Premio Nobel de la Paz en 1952, “la felicidad es la única cosa que semultiplica cuando es compartida”, y para ello debemos vivir la vida que amamos, y amar la vida que vivimos.

Desde Fundación por la Justicia defendemos valores como la solidaridad y la generosidad, apostando por Proyectos que redundan en beneficio de los más vulnerables y menos favorecidos, sabiendo que con ello contribuimos a que los destinatarios de esos Proyectos puedan ser algo más felices, siéndolo también nosotros, y de esta forma es como llegaremos a comprender lo que dijo Sócrates de que “ el secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de lacapacidad para disfrutar de menos”.

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