Opinión
Paz
No se trata de dejarse llevar por la ingenuidad o el buenismo, se trata de hacer pedagogía acerca de los escenarios a los que nos llevan los conflictos armados

Fuerzas de la Guardia Revolucionaria de Irán, en unas maniobras en la costa del Estrecho de Ormuz en 2022.JPG / Iranian Army Office/ZUMA Press W
Se puede decir de muchas maneras y conviene manifestarlo de todas las formas posibles, porque es el resultado de un esfuerzo colectivo inmenso que se consigue con años de trabajo, de cesión y de avances, algo a lo que han contribuido hombres y mujeres que pensaban diferente, que tenían intereses contrapuestos, pero que por encima de estas cuestiones han sido capaces de poner las bases para tener una convivencia en paz.
Los españoles, los europeos, sabemos muy bien lo que significa la palabra, hemos estado sometidos a conflictos bélicos dolorosos, la historia de Europa hasta la segunda mitad del siglo XX es un relato de guerras, con millones de víctimas, dolor, sufrimiento y odio entre naciones.
La última guerra española del pasado siglo añadió al sufrimiento, aquello que se llamó civil, vaya paradoja, un enfrentamiento entre hermanos, una destrucción desde dentro.
Sin lugar a dudas, los escenarios que dibujan las guerras, están muy presentes en gran parte de la sociedad española y europea, todavía el hedor del tiempo de guerra se reconoce y se rechaza. Seguramente, por ese recuerdo tan vivo, tenemos el orgullo, las distintas generaciones vivas, de haber participado, en la construcción de una Europa que no se enfrenta militarmente, que hemos conseguido algo que nos imprime un rasgo común, la mayor parte de los europeos estamos en contra de cualquier tipo de guerra, hemos priorizado los derechos y también las libertades, frente a las veleidades armamentísticas de otros territorios.
Es cierto que esta posición tiene sus riesgos, sobre todo cuando no es compartida por otras zonas y territorio y lo estamos comprobando. Entonces, resurgen lemas antiguos como si quieres la paz prepárate para la guerra, antiguos cantos de sirena que nos alejan del bienestar colectivo para dirigir nuestra mirada hacia un escenario que nos repele, y tal vez, cambiar algunas de nuestras prioridades, porque hay otros que no piensan igual. Seguramente, no podremos avanzar hacia el futuro sin repensar las políticas de seguridad en sus distintas formas, para lo cual será indispensable que estemos más unidos en nuestras convicciones, acerca de aquello que nos ha permitido, el desarrollo, los avances y la convivencia.
La posición de los que sabemos del horror de las guerras y repudiamos sus consecuencias no significa que debamos tener una actitud de debilidad frente a la provocación. Reclamar la paz, parar las guerras, hacer cuantos movimientos sean indispensables para detener la barbarie también es una forma de combatir. Y frente a la insolencia lo que cabe responder es con la unidad, buscando el consenso y la adhesión del mayor número posible de países, esto no significa cerrar los ojos frente a la injusticia, pero lo que si estamos comprobando de manera clara es que rendirse a la maquinaria de la guerra no conduce a ningún lugar nada más que a llenar los bolsillos de aquellos que necesitan víctimas para incrementar su cuenta de beneficios.
No se trata de dejarse llevar por la ingenuidad o el buenismo, se trata de hacer pedagogía acerca de los escenarios a los que nos llevan los conflictos armados, sobre todo porque estamos comprobado con horror, como cada guerra que surge, se convierte en la antesala de otra mayor. Esa escalada es lo que resulta insoportable.
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