Opinión | El día del señor
Impaciencias

Imagen de la mascletà del 18 de marzo. / Miguel Angel Montesinos
Llegará el día en que los falleros celebren sus pompas con masclets colgados de las ramas de un abeto boreal, tal es la impaciencia del mundo fallero, las ganas de pasarlo bien, una vez abonados los 110 euros que cuesta el bono de una semana en los aparcamientos de la calle Hospital, a salvo de la artillería pirotécnica.
Les recomiendo la cocina del Mesón del Vino que hace honor a su nombre. Para acompañar tiene una carta de vinos que me aturde y me hace feliz por su diversidad, como ocurre en Entrevins en el carrer Pau. Es mejor reservar antes, sin duda.
Y bien lejos de las llamaradas patrióticas.
No es nada extraño, pero es relativamente insólito. Una vez detuve el coche en algún lugar de North Carolina y a primeros de noviembre la tienda que estaba viendo tenía el escaparate repleto de motivos navideños: precavidos.
En los últimos meses la enfermedad ha vapuleado a un fallero de largo aliento, a nuestro amigo Rafa. Él sigue en pie y en su rostro tiene la expresión de quien no piensa entregar la plaza. En cualquier caso, parece seguro que Rafa no es ajeno al lema de su falla, y de su libro, que somos gente ilustrada: El Raval de la història que es un signo de pertenencia, ni más ni menos. En efecto, la historia no se crea, se descarga sobre los hombros más zarandeados. O sea que aquí tenemos un fallero (de la falla de L’esclafit) poco preocupado por los asuntos políticos.
Rafa ha hecho algo muy fallero: coger de la mano a las chicas de casa –Sandra y Ada– y colocarlas allí donde se encuentran más a gusto: en su casal y dispuestas a pasarlo bien.
Hubo una temporada demasiado larga de gente que buscaba la camorra identitaria pese a que la camorra es un combustible interesado y sucio que nos advierte de la importancia de hacer bien las cosas y mejor aún, las fiestas. Yo, que detesto las aglomeraciones y tengo una edad, me voy para Sigüenza (o más lejos) en plan retiro. Ese es el plan para comenzar; luego, veremos. Y no caigan en el frenesí. La impaciencia, dijo el Buda, es el único pecado.
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