Opinión
El reto de los primeros presupuestos de Pérez Llorca
El president depende de Vox para sacar adelante unas cuentas públicas clave para la estabilidad de la Comunitat Valenciana, la reconstrucción tras la dana y el final de la legislatura

Pérez Llorca durante una entrevista. / Prensa Ibérica
La Generalitat no puede permitirse otro ejercicio al albur de la prórroga o de los cálculos partidistas. En tiempos de incertidumbre, precisamente, unas cuentas públicas son una necesidad institucional. Y ese es el verdadero reto de Juanfran Pérez Llorca ante la apertura de diálogo con Vox para intentar sacar adelante los presupuestos de 2026.
El momento exige sentido de la responsabilidad. La Comunitat Valenciana afronta todavía tareas pendientes de reconstrucción tras la dana, convive con un escenario económico internacional inestable y observa cómo la tensión geopolítica añade más dudas a unas finanzas ya de por sí sometidas a máxima presión. En este marco, renunciar a unas nuevas cuentas equivaldría a aceptar una administración en modo interino cuando más capacidad de liderazgo se necesita.
Es cierto que la aritmética parlamentaria es la que es. El Consell depende del aval de Vox y esa evidencia condiciona cualquier negociación. También lo es el precedente del pacto presupuestario sellado hace un año por Carlos Mazón, que abrió una senda política que sigue proyectando su sombra sobre el presente. Pero justamente por eso conviene recordar que un presupuesto no puede convertirse en un escaparate de imposiciones simbólicas. Su razón de ser es ordenar prioridades, garantizar servicios y sostener inversiones.
Porque la certidumbre importa para la gestión ordinaria, para los sectores económicos, para los servicios públicos y para una ciudadanía que necesita saber que la Generalitat tiene rumbo. La prórroga puede ser un recurso excepcional; no debería normalizarse como pasa en el Gobierno de España, atrapado sin mayoría parlamentaria. Menos aún cuando los plazos empiezan a estrecharse y cuando la aprobación tardía de unas cuentas volvería a reducir de forma drástica su tiempo real de ejecución. Unos presupuestos aprobados a finales de mayo vuelven a llegar tarde. Pero no tenerlos sería todavía peor.
El problema no es solo temporal. También es político y de credibilidad. Vox ya ha dejado claro que, más que nuevas concesiones, vigila el cumplimiento de los acuerdos previos. Y ahí aparecen las contradicciones: partidas anunciadas con estruendo que no se han materializado y rectificaciones posteriores del propio Consell sobre medidas presentadas en su día como emblemas del acuerdo. Ese balance obliga a una reflexión de fondo.
Los presupuestos de 2026, además, tienen una dimensión que trasciende lo contable. Serían los primeros de Pérez Llorca y, probablemente, los últimos verdaderamente útiles de la legislatura. Por eso su elaboración marcará el tono político de lo que queda mandato: o bien consolidan una etapa de mayor estabilidad institucional, o bien certifican que la Generalitat queda atrapada en una combinación de provisionalidad financiera y dependencia parlamentaria.
El president sabe mejor que nadie que la Comunitat Valenciana precisa de unas cuentas públicas viables, rigurosas y orientadas al interés general. Con diálogo, pero sin olvidar que gobernar no consiste solo en sumar votos para aprobar números, sino en ofrecer a la sociedad valenciana un horizonte de estabilidad en medio de la incertidumbre. Ahí se juega Pérez Llorca mucho más que sus primeros presupuestos, se juega buena parte de la credibilidad de su Consell.
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