Opinión

Vicepresidenta de la Diputación de Valencia y diputada de Memoria Democrática
La tradición no discrimina

Un momento durante una de las protestas en Sagunt por el veto a las mujeres en Semana Santa. / Daniel Tortajada
Como siempre, es un tema de privilegios. Unos privilegios que algunos jóvenes consideran amenazados por la inclusión, en términos de igualdad, de las mujeres. El último ejemplo lo hemos visto esta semana con los cofrades de la Semana Santa de Sagunt, votando en contra de la modificación de los estatutos para la inclusión de las mujeres con el objetivo de que procesionen a su lado. “La tradición es la tradición”, impuso la mayoría. Una tradición que, según ellos, sigue protegiendo espacios de hombres y de la masculinidad. Los protege de las mujeres, que según ellos parece que desacralizan la fiesta. Ellas ven como se perpetúan espacios físicos y mentales infranqueables, prohibiéndose en este caso la participación pública en una fiesta proclamada de Interés Turístico Nacional.
De igual manera que algunos les costó ver a mujeres ejerciendo como taxistas, médicas o presidentas de gobiernos, otros se escudan en una supuesta tradición que perpetúa la desigualdad y la discriminación. Y no se debe ni puede permitir. Las instituciones públicas deben velar porque estos posicionamientos y sus restricciones aparejadas queden en el pasado y el futuro se construya en igualdad de derechos y obligaciones.
El Ayuntamiento de Sagunt debe de intervenir para asegurar la igualdad, y si eso pasa por sancionar a los cofrades o por mostrarles el vacío institucional, tendrán que hacerlo, escudados por la legalidad que vela por la igualdad ¿Debe un ayuntamiento permitir que un acto que discrimina a las mujeres cuente con el apoyo institucional por ejemplo a la hora de ofrecer permisos para la ocupación de espacios públicos o para garantizar la seguridad a través de las fuerzas y cuerpos policiales? Yo tengo clara la respuesta pero la dejaré abierta.
Hay que ser justos y sinceros con la historia, pero esta no puede servir como acicate de un futuro que discrimina a una parte de la población. El futuro se escribe en igualdad.
Ciertas ideas excluyentes y machistas siguen provocando la ruptura de la sociedad entre hombres y mujeres. No todos, por supuesto, pero sí existen tendencias en el que la visión se distancia cuando se trata de ellas y de ellos. Ellos, temerosos, defendiendo políticas discriminatorias con la excusa de la tradición y solo con el objetivo de proteger sus privilegios. Ellas, demócratas e inclusivas, con la mirada en el futuro. Una vez más han vuelto a poner el acento en aquello que no funciona de forma adecuada, porque discrimina a una parte de la población de forma injusta.
Las mujeres se vuelven a situar como esperanza de un futuro mejor. Porque no hay que obviarlo, en este caso como en todos, hay una doble moral palpable y una hipocresía latente, ya que las mujeres participan y mucho en dicha fiesta, pero lo hacen en aquellos actos que quedan en la privacidad, lejos de la representatividad pública que potencia la igualdad social. Lo hacen cuidando todos los detalles para que la fiesta funcione. Sin ellas, la fiesta de la Semana Santa de Sagunt (como ninguna otra) se celebraría. No vamos a permitir que se las excluya del espacio público cuando se las explota en el espacio privado.
Los espacios necesitan un contexto cultural, una interpretación que se realiza con una visión u otra. No es suficiente el espacio, es decir, no es sujeto de decisión. O no solo. Necesita de una intervención, que en este caso se hace con una determinada estructura mental, que es violenta con las mujeres. No es un tema de religiosidad o de tradición, es un tema de contexto y de relato. La creencia patriarcal se impone para marginar a las mujeres, que quedan sin derechos básicos. No es tradición, es estructura machista. El contexto legitima o deslegitima el espacio. En este caso, lo segundo.
Conductas discriminatorias como las de Sagunt deben tener consecuencias y si eso pasa por perder la categoría de fiesta de Interés Turístico Nacional, el ministerio deberá actuar de la mano del ayuntamiento, porque la sentencias de los tribunales de justicia estiman que dichos casos pueden suponer una marginación que vulnera los derechos a la no discriminación y a la libre asociación y, por tanto, consolidada la verdad jurídica, no se debe dudar sobre la aplicación de la ley.
Las instituciones públicas no están para vacilaciones, están para defender con convicción los derechos fundamentales de la ciudadanía. La sociedad es insostenible sin igualdad y la discriminación no tiene cabida en este mundo. Impliquémonos todas y todos para que la tradición no sea sinónimo de discriminación.
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