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Opinión | La veleta de papel

València

Bondad

El Papa León XIV en la celebración del Ángelus el pasado 15 de febrero.

El Papa León XIV en la celebración del Ángelus el pasado 15 de febrero. / Vatican Media / Zuma Press

No voy a entrar en la rabiosa actualidad; hay mejores analistas haciéndolo. Persia/Irán por historia y cultura resistirá solo espero que quien ha comenzado esta agresión la pague cara. Mas no es bueno centrar las reflexiones exclusivamente en las crispaciones con que intentan ahogarnos. Mejor hablemos de la bondad en sentido amplio, tan presente hoy como ayer y mucho más común de lo que en un principio pensamos. Recordemos que perfecto solo es Dios, y aun siendo cierto que podemos interpretar la bondad de muchos modos, hay características básicas en las que todos reconoceríamos a una buena persona.

Hace años para resolver un conflicto principalmente patrimonial, ya fuera entre familiares (herencias) o vecinales (lindes, servidumbres o daños) se recurría usualmente, no a los tribunales, sino al criterio y juicio de los llamados hombres buenos. También de mujeres buenas. Si era de índole conyugal o de conciencia, se acudía a sacerdotes. Hoy ni unos, ni otros, tienen esa función social, sino que prima el conflicto porfiado y su judicialización, que no cura heridas ni otorga paz.

Sin embargo sabemos que, aún hoy a todos los niveles, la mejor forma de resolución de conflictos es la negociación y el acuerdo. Un ejemplo: a nivel internacional se solicita, más de lo que se piensa, la intervención diplomática vaticana para la resolución de conflictos. El Vaticano utiliza su influencia para lograr paz y atención humanitaria para pueblos necesitados y algunas veces lo logra. Es así únicamente por su prestigio basado en autoridad moral, ya que el Vaticano no tiene ejército ni poder económico. Una labor discreta, eficaz y sin titulares mediáticos. Aunque algunos eclesiásticos no fueron a clase ese día, la paz es y debe ser, la principal labor social de la Iglesia Católica en el mundo.

A escala particular, de pueblo o barrio, la intermediación de buena fe para la resolución de situaciones con potencial conflictivo antes de que se sustancien, no es utilizada aun siendo una ancestral costumbre de nuestro pueblo. Además de eficaz, útil y cercana, eludiría muchísimas rupturas que desembocan en violencia física o verbal entre vecinos o familiares, y se evitarían infinidad de dolorosos pleitos. En nuestro entorno tenemos hombres y mujeres buenos, ecuánimes, calmados y capaces de acuerdo; personas que por su comportamiento ético gozan de auctoritas reconocida por los demás.

Podría decir algunos nombres de mi pueblo y habrá más que desconozco; usted que me lee, podrá decirnos algunas personas del suyo (o su barrio) que merecen ser consideradas buenas. Porque la bondad aunque parezca lo contrario no ha desaparecido, como mucho ha sido silenciada y opacada, por una montaña de escombros inútiles. Hay muchos más de los que imaginamos, más que mala gente; personas que tienen tiempo para la solidaridad, que les preocupa el bienestar de los otros, incluso que padecen cuando el otro sufre.

Dedican una parte significativa de su tiempo a los demás de forma altruista. La solidaridad, la ayuda, no es necesariamente material. Considerar, ver, escuchar, acompañar, comprender son tan necesarios como el comer. Y sonreír, sobre todo sonreír. Son actos de amor siempre bien recibidos, que curan como un bálsamo medicinal y ayudan a levantar al caído animándolo a seguir adelante. Eso es muy importante.

Le propongo un ejercicio relajante y satisfactorio: no tenga prisa. Deténgase un momento y observe, usted mismo comprobará que, es cierto que hay hombres y mujeres buenos, de todas las etnias, edades y clases, y no hay que ir al fin del mundo a buscarlos: están cerca. San Vicente Ferrer decía que todo el mundo era bueno hasta que se demostrase lo contrario (fíjese en el orden), por eso confiaba en las personas. Olvide los prejuicios que la sociedad impone; hay personas que son felices haciendo felices a los demás, y Dios se complace de ellos. El mundo es mejor si intentamos ayudarnos unos a otros. Para empezar no habría guerras. ¿No lo cree?

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