Opinión | NOVATERRA, VIAJE A LA DIGNIDAD
Trabajadora social y colaboradora del Comité de Presencia Pública de Fundación Novaterra.
La gran oportunidad

Concentración contra el racismo en València
Esta historia es tan real como la vida misma, a excepción de los nombres de sus dos protagonistas: Dolça y Bamba. Cuentan la gran oportunidad que significó para ambos conocerse. Aunque Dolça siempre afirma con una sonrisa que especialmente lo fue para ella, porque siente que Bamba ya tenía un gran corazón. El azar les hizo estar y ser un día, a una hora y en un lugar determinado… Esta no es una historia de amor romántico o de pareja, pero sí de vínculos humanos y guiados por el corazón y la curiosidad, por la confianza también.
Como cada día, en su media hora de descanso, Dolça sale a tomar café a la plaza del bar donde ella trabaja. Normalmente se lo toma rápido y de pie, pero ese día decide sentarse en un banco porque está harta de ir corriendo a todas horas, de no tener tiempo ni para respirar. No está sola, allí hay un chico negro como el chocolate puro, al que Dolça ha observado alguna vez, porque vaya, él está muchas veces por la plaza. Es Bamba y aunque nació lejos, un país de África subsahariana, lleva más de 5 años en España y dos de estos últimos en Valencia. Bamba no puede evitar sorprenderse al ver a Dolça sentarse cerca de él porque, por lo general, eso nunca sucede, es más, hay quien cambia de acera cuando le ve acercarse. Para Bamba es tan extraño como agradable sentir la cercanía de Dolça y es por eso que decide saludarla con su bonita y sincera sonrisa, a lo que amablemente Dolça responde. Y aquí, justo aquí, con un detalle tan sencillo y humano, es cuando Dolça y Bamba deciden darse una oportunidad.
Bamba duerme en la plaza a pesar de trabajar de temporero con contrato. Tiene un sueldo ridículo para la cantidad de horas que trabaja y además, parte de éste se va a su país de origen para sostener la frágil economía familiar de su madre y parte de sus hermanos, aquellos que por edad no han emigrado. El padre de Bamba murió hace años y, aunque su madre trabaja como una mula, no es suficiente y ese, entre otros, fue el motivo por el que él sus hermanos mayores emigraron a Europa. Bamba nunca pasó hambre en su país, pero en España sí. Justo en una de las muchas conversaciones entre Dolça y Bamba, este le confesaba “Dolça, si mi madre me viera así de flaco, se preocuparía mucho, me haría volver a mi país.”
Bamba le cuenta a Dolça con mirada de nostalgia muchas cosas sobre su país, sobre sus gentes, sobre su cultura y tradiciones, sobre la comunidad social… y Dolça disfruta escuchándolo y alimentando su curiosidad. Ella ha estado de viaje en África, pero nunca en el país donde nació Bamba. Estando en casa, hoy Dolça no ha podido evitar pensar en cómo estará Bamba, ha llovido y empieza a hacer un tiempo desagradable. Ella sabe que Bamba, desde que empezó septiembre, ya está pasando frío, le ha llevado alguna prenda de ropa térmica por este motivo, pero sabe que si se moja lo va a pasar verdaderamente mal. Hoy Dolça se va a dormir preocupada.
Dolça empieza a preguntarse muchas cosas sobre sí misma, sobre su cómoda realidad, sobre la queja constante en la que se ha instalado en tantas ocasiones y especialmente sobre la brutal situación que cada día viven personas como Bamba, que hasta ahora le habían pasado desapercibidas. Nunca hubiese imaginado que podía haber tantas y tan duras realidades dentro de una misma. No ha podido evitar pensar en su hermana Lola, que emigró hace 6 años a Alemania, sin saber apenas el idioma, buscando unas mejores condiciones laborales, una vivienda accesible, un sueldo acorde a su cuantiosa formación. No puede no pensar y preguntarse si les estará contando la verdad sobre cómo la tratan allí, sobre sus condiciones de vida, sobre cómo se siente estando allí. Ella misma iba a emigrar cuando terminase el máster, pero ya no lo tiene tan claro.
Dolça no puede dejar de preguntarse cómo puede ser que una persona como Bamba esté viviendo semejante infierno cada día sin volverse loco. No puede no cuestionar todos y cada uno de los valores que se supone que tenemos como sociedad porque viendo a Bamba, son todo palabras y no hechos. Dolça ha decidido que nunca más dejará que nadie delante de ella diga que vienen a quitarnos el trabajo, que son delincuentes, que no contribuyen al sostenimiento del sistema. Y todo ello gracias a Bamba, que es buena persona, muy trabajador, respetuoso, divertido, sincero, inteligente, amable, generoso, fuerte, valiente, responsable. Que él y muchos como él son personas en quienes poder confiar.
¿Te das la oportunidad atreviéndote a descubrirlo y vivirlo?
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