Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | El falso nueve

Alberto Gil

Alberto Gil

Periodista

Tres a cuatro

La histórica remontada del Valencia en el Camp Nou 28 años después

L-EMV

Claudio Ranieri levantó dos veces sus dos brazos al mismo tiempo, con los puños cerrados, casi dándole vergüenza, enfundado en un abrigo con rollazo romano y corbata de rayas oblicuas, para celebrar lo que nadie se podía imaginar. Minuto 87 y minuto 88. Primero un zurdazo made in Piojo y luego, en una pérdida tras saque de centro, finalización por parte de la puntera de la pierna derecha de Ariel El Burrito Ortega. Tres a cuatro.

Diecinueve de enero del 98. Nou Camp. Barcelona-Valencia. En el minuto 54 un gol en propia puerta de Cáceres hacía el 3-0 para el Barça. Con De la Peña recreándose, tras sustituir a Guardiola; con Rivaldo quitándose la camiseta con otra idéntica debajo para celebrar su gol; y con Luis Enrique, que ya había hecho el primero de cabeza. Y eso que el partido empezó con un palo de Adrian Ilie, “la cobra que pica y mata” para Ranieri. Esa no entró y sí las tres azulgranas.

Pero, casi sin quererlo, aquel jugador poco estético y de pelo agitanado llamado Morigi, tras asistencia medida del Piojo, hizo el primero de los valencianistas en el 69 al cruzar el balón a su manera ante la salida de Hesp. Hoy aún contará que fue protagonista de cara a puerta en aquel escenario. Volvió el protagonismo del siete del Valencia, el Piojo remató calcando el cabezazo del primero del partido de Luis Enrique; y llegaron los dos tantos en el 87 y 88 que mataron al Barça. Una remontada inconcebible, sorpresiva en las caras de los barcelonistas e inolvidable para los valencianistas

El engendro del Campeón

Eran los primeros pasos de un Valencia campeón. Vuelco a la plantilla, nueva era. Primer año para Anglomá, Carboni, Milla, Djukic, Gerard… Aquella fue la victoria, que borró del todo a Valdano y a Romario y permitió asomar la cabeza al técnico italiano, con su fútbol defensivo y contragolpe, y la primera de otros triunfos míticos como los de San Mamés o el Santiago Bernabéu. Allí levantó la mano para pedir paso en el fútbol profesional un tal Gaizka Mendieta.

Y fue la temporada en la que se armó un equipo ganador. Parte del mérito para Paco Roig, presidente que ni siquiera acabó esa 97-98. Se fue, dimitió, el dos de diciembre (entró Pedro Cortés), pero que contagió un espíritu ambicioso, a pesar de olvidarse de otras cosas también básicas en este negocio de la pelotita. También acertó en la dirección deportiva con Javier Subirats y en esa camada de futbolistas que se consagraría la temporada siguiente en La Cartuja de Sevilla al ganar le sexto trofeo en la final copera ante el Atlético de Madrid. Aquellos 21 minutos y aquellos cuatro goles de liberación, de aquel día de enero del 98 en Barcelona, eran el despertar de los campeones. Un resultado épico en el fútbol te arrastra hasta donde nunca habías podido imaginar.

Toni Martínez, Ángel Pérez y Rebbach, niños de menos de diez años en el 98, se mimetizaron de aquellos goleadores valencianistas el pasado domingo en Vigo. También perdían 3-0 y pusieron cuatro seguidos en la portería del Celta. Tres cuartos de lo mismo. Quique Sánchez Flores, su entrenador en el Deportivo Alavés, mientras que de pie en la banda de Balaídos solo quería que acabara el partido con 3-4, seguro que revivió a su manera aquellas celebraciones de Morigi, el Piojo y El Burrito, ya para siempre encumbrados blanquinegros.

P.D.- Que te cambien en el minuto 34 zarandea el status quo futbolístico. Diego Rico aún le está pegando patadas a la nevera junto al banquillo en el Espanyol-Getafe. Su equipo luego ganó 1-2. Whatever you want, Bordalás.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents