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València

Vuelve Poncia

Lolita interpreta a Poncia en el Teatro Olympia del 26 al 29 de marzo.

Lolita interpreta a Poncia en el Teatro Olympia del 26 al 29 de marzo. / Javier Naval

Vuelve Lolita a representar Poncia, en el Teatro Olympia de València, los días 26 al 29 de marzo. La noche de su estreno aquí, el 13 de noviembre de 2024, Lolita interpretó a Poncia de manera magistral. Lolita Flores fue Poncia, y su interpretación del personaje quedó para siempre en la memoria de quienes asistimos a la representación.

Tras el tiempo transcurrido vuelve ahora la voz de Poncia, para ajustar cuentas con la familia a la que durante décadas ha servido sumisa, y humillada, como la criada que es testigo de la verdad que transcurre entre las cerradas paredes que la madre, Bernarda, ha dispuesto para sus hijas, y las criadas, tras la muerte del padre, en la producción de Jesús Cimarro, sobre textos de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba.

Las hermanas se ven encerradas en la casa, durante ocho años de un luto excesivo, que lleva a que entre ellas surjan conflictos por la libertad y la juventud, de mujeres a las que no les queda sino el papel tradicional, que la historia y su madre, Bernarda, les adjudica. Adela, la más joven, se ve cortejada por la pareja de su hermana mayor, y sus amoríos acaban llevándola a la muerte, por suicidio, sobre el que Poncia, reflexiona, ante la represión en la que transcurre su existencia.

Su reflexión, se eleva, desde su humilde origen, en un espléndido texto, con el que, Luis Luque, autor y director de la obra -quien ya dirigió a Lolita Flores en Fedra- se introduce en el alma de Adela, y desde ella -“una hembra valiente”, afirma- juzga las situaciones de dominación, que las paredes de la casa de Bernarda Alba encierran, y que Adela quisiera remediar, sin conseguirlo.

Lolita, a quien ya conocimos para el teatro en La plaza del diamante, donde la Colometa se enfrenta a todo tipo de dificultades, y más tarde en La asamblea de las mujeres, como, Praxágora, al frente de las mujeres de Atenas, encuentra en Poncia un papel estelar. Su condición de andaluza y su extracción popular, le confiere un papel especial, al confluir en ella la condición de una Poncia universal que, a buen seguro, el propio García Lorca aplaudiría, por su amor por la libertad, puesto de manifiesto.

Poncia cuestiona las relaciones sociales de la familia de Bernarda Alba, y habla del suicidio de Adela, las clases sociales, y de todo lo que durante treinta años ha vivido de forma maltratada y callada. La lucidez de la visión de la criada, alza la voz, iluminando todo el espacio escénico, ante un auditorio sorprendido, al conocer unos hechos largo tiempo silenciados en el magnífico relato del texto teatral, y admirado ante su representación.

En un tiempo y un lugar donde la palabra se nos muestra más necesaria que nunca, la vuelta de Poncia, se nos revela imprescindible. Poncia abre su corazón y con ella, Lolita, identificada con el personaje, al sentirlo como propio, lo hace con absoluta fidelidad y contenida emoción, ofreciendo una experiencia única, una noche mágica -diría en su estreno María Ángeles Fayos del Teatro Olympia- en la que, lo allí vivido, nos hizo estremecer.

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