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Opinión | Bombeja Agustinet!

Colmillo

Los jugadores del Levante UD celebrando uno de los goles ante el Real Oviedo

Los jugadores del Levante UD celebrando uno de los goles ante el Real Oviedo / LALIGA

“Sin la cantidad de puntos que nos dio el chaval el año pasado en los minutos de la basura, el Llevant no estaría en Primera y, seguramente, Calero no seguiría en el banquillo de Orriols”. He defendido muchas veces a Carlos Espí, he reivindicado sus virtudes, que hoy vemos todos, por tierra, mar y aire. En columnas y en tertulias de radio. Juanma Doménech lo veía igual que yo. ¡Cuántas veces lo dijimos! He apostado por Espí casi tantas veces como advertí del gran problema de aquel Llevant de principio de temporada: un entrenador al que le venía grande el reto de Primera, que no era capaz de hacer autocrítica ni de sacar lo mejor de cada miembro de la plantilla. Este Tontitos del 2-11-2025 es solo una muestra. Es que el tema clamaba al cielo.

No soy muy de sacar pecho cuando tengo razón, como otros, que lo hacen incluso cuando se cambian de chaqueta. Crecí con García en las ondas, entre aquella colección de epítetos inmortales: abrazafarolas, chupópteros, correveidiles. ¡Qué poco hemos cambiado! Lo cierto es que, en general, la gente suele hacer las cosas lo mejor que puede o sabe, y con buena voluntad, y no tiene ningún sentido regodearse cuando les salen mal. Pero en este caso no me voy a privar de mirar atrás con perspectiva, por si aprendemos alguna cosa del pasado, que siempre es necesario, para avanzar.

Con algunos errores puntuales –¿quién no los tiene?–, Luís Castro ha puesto al Llevant en rumbo de permanencia. Se podrá conseguir o no, pero es evidente que aplica soluciones estrictamente futbolísticas para mejorar el rendimiento de sus futbolistas; que no lo fía todo a la motivación. El fútbol es complejo. Hay muchas variables en danza. Castro está haciendo el trabajo para el que lo trajo Danvila, con el aval de Rodas y Gila. Y sin embargo, eso podría no bastar. Esto no es una ciencia exacta. A veces (demasiadas) los arbitrajes te perjudican, hay lesiones, situaciones personales de jugadores, buena o mala fortuna, expulsiones que cambian partidos, mentalidad y psicología, negativa o positiva…

Frente al Oviedo, con Espí en plan estelar y a punto de firmar un “hat trick” en un rato, el Llevant coronó la mejor primera parte de la temporada. El trío medular Oriol-Olasa-Losada lo bordó. Generó fútbol a raudales. ¿Quién lo hubiese pensado a principio del curso? Y sin embargo, sucedió. A nadie le hubiese extrañado irse al descanso 5-1. Habría sido merecido. En un partido decisivo, además. Pero los asturianos empataron. Nadie podía creérselo, pero sucedió. Nadie podía creerse tampoco, cuando llegó Castro, que el Llevant a estas alturas estaría metido de lleno en la pelea por la salvación. Y ahí estamos. Que esto también nos sirva de enseñanza. Para crecer como entidad, como afición.

Quedan nueve partidos

Es probable que con cuatro victorias sigamos en Primera: Getafe, Sevilla, Osasuna, Mallorca visitarán Orriols. Hay que atar esos doce puntos. Y visitar Anoeta, Cornellà, El Madrigal, Balaídos y el Villamarín con hambre, nervio, tensión competitiva y ambición. Y sobre todo, con colmillo. El colmillo lo cambia todo. Nos faltó en Vallecas. Nos sobró ante el Oviedo. Y aún así ganamos con riesgo taquicárdico.

¿Fácil? En absoluto. Estar en la élite y mantenerse nunca lo es. Disfrutemos del fútbol. Disfrutemos del Llevant. Disfrutemos de soñar, siempre, con ir un paso más allá. Es lo que somos. Gente capaz de soñar, de imaginar que puede ir más allá, de cambiar la realidad, cuando todos afirman que es imposible. Desde hace casi 120 años. Disfrutemos del camino, de la lucha. Y quizá del éxito.

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