Opinión
Habermas y la reconstrucción tras la dana

La reconstrucción de Paiporta continúa un año después de las riadas
Un año y medio después de la dana que arrasó L’Horta Sud, la reconstrucción avanza, pero el debate público sobre qué reconstruir, y para quién, sigue siendo sorprendentemente débil. Tiene escasa articulación de propuestas alternativas, pocos espacios de contraste público y una limitada visibilidad de las decisiones en curso.
En este contexto, el reciente fallecimiento de Jürgen Habermas ha reavivado el interés por cómo se debate en las democracias. Pocas ideas resultan hoy tan pertinentes como las suyas para entender los problemas y limitaciones de la reconstrucción tras catástrofes como la dana en Valencia.
Habermas es universalmente conocido por sus reflexiones sobre el papel de la comunicación en una sociedad democrática. Si bien tendemos a equiparar democracia con la práctica de votar cada cuatro años, Habermas sostiene que votar es solo su dimensión formal, y que la auténtica democracia requiere que la sociedad debata y discuta las distintas cuestiones que atañen a la política pública. Sólo a base de debatir e intercambiar argumentos racionales pueden las sociedades llegar a conformar una esfera pública de opinión informada y consensuada y dotar así de legitimidad a las decisiones colectivas.
Esta reflexión, lejos de ser teórica, tiene implicaciones directas para el reto de reconstruir tras desastres como la dana. Reconstruir no sólo requiere diagnosticar la causa y la culpa de la inundación que arrasó a l'Horta Sud en octubre de 2024, sino también diseñar una nueva normalidad que aúne objetivos dispares: la reducción de riesgos futuros, la sostenibilidad, la corrección de desigualdades, o el crecimiento económico.
Por ejemplo, ¿Cómo rediseñar la gobernanza del área metropolitana de Valencia para que l'Horta Sud no siga sufriendo trato injusto en transportes o infraestructuras? ¿Cómo evitar un desarrollo urbanístico que propicia inundaciones y elimina la Huerta? ¿Qué tipo de obras hidráulicas y protocolos de emergencia son necesarias para que la próxima dana no cause muertos?
Lejos de tener una única respuesta técnica, estas preguntas implican elecciones colectivas. Exigen confrontar perspectivas distintas sobre cómo reconstruir, no sólo en espacios oficiales y personales, sino especialmente en la esfera pública. Requiere informes de expertos disponibles online, propuestas públicas sometidas a debate, artículos de prensa con impacto, críticas apasionadas, y múltiples foros de debate ciudadano. En una palabra, deliberación.
Afortunadamente, existen ya varios foros de discusión. Tanto el Gobierno central, como la Generalitat valenciana, como el Ayuntamiento de Valencia han creado sus respectivos grupos de expertos. Los geógrafos Joan Romero y Ana Camarasa en la Universidad de Valencia han organizado varias jornadas públicas sobre la reconstrucción. Otros departamentos y universidades valencianas, colegios profesionales y Cámara de Comercio están haciendo investigaciones sobre el tema. Foros ya existentes, como el colectivo La Plaça, han dedicado varias sesiones a la reconstrucción.
Resulta sobre todo esperanzadora la aparición de un nuevo actor social, los Comités Locales para la Emergencia y la Reconstrucción, o CLER. Este colectivo, afincado en l'Horta Sud y con gran imbricación social, es resultado de la implicación de vecinos y voluntarios en el momento de la emergencia y tiene como objetivo extender tal participación a la reconstrucción. Los CLERs han creado la Escola CiutaDANA, que organiza ponencias y talleres, atrayendo para L'Horta Sud a profesores e investigadores de toda la comunidad -- llenando aulas que de otra forma estarían vacías, y suscitando pasiones que de otra forma estarían ausentes.
Pese a ello, el momento actual presenta una notable paradoja. Con Mazón ya dimitido y tras año y medio de cruce de acusaciones entre las administraciones estatal y regional, la dana está empezando a perder centralidad en la agenda pública sin que los ciudadanos entiendan qué reconstrucción se está haciendo. Sin duda se está haciendo mucho, reparando infraestructuras, reencauzando barrancos, etc., pero a falta de ideas que asocien la multiplicidad de medidas a una visión concreta de la comunidad autónoma, el listado de acciones e iniciativas se torna incomprensible.
La paradoja actual tiene explicación en el trabajo de Jürgen Habermas. El debate sobre la reconstrucción ha sido insuficiente, fragmentado y en gran medida opaco: sin integración entre administraciones, colectivos profesionales y visiones políticas, y sin generar informes, contrainformes o corrientes de opinión reconocibles. Tener un ecosistema mediático cada vez más polarizado y dependiente de lógicas políticas e institucionales tampoco ayuda.
Es así el momento de recordar las ideas de Habermas. Sin una esfera pública viva, la reconstrucción de l'Horta Sud corre el riesgo de ser no solo ineficaz, sino también ilegítima y, por tanto, frágil.
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