Opinión | La veleta de papel
Contrastes

València da el pistoletazo de salida a los días grandes de la Semana Santa con la procesión del Domingo de Ramos / Eduardo Ripoll
En estas mismas páginas, como notarias de la realidad social, los lectores habrán podido leer dos noticias sobre hechos que, muestran palmariamente los contrastes de nuestra sociedad. Estamos en la Semana Santa católica cristiana, es decir el tiempo más importante para mil cuatrocientos millones de personas en el mundo. Aquí es la religión abrumadoramente mayoritaria. Lo que debería inducir respeto social.
Un grupo de “artistas” decidieron celebrar justamente ahora el I Coven Blasfemia, donde entre otras cosas se ensalzará a Lilith. Mítico demonio femenino originalmente mesopotámico asociado a las tempestades, portadora de desgracia, enfermedad y muerte. Durante más de tres mil años se la consideró maligna, pero a finales del siglo XIX le añaden una virtud rehabilitadora, su rebeldía femenina. Cada cual es muy libre de encomendar su alma a quien quiera; cielo o infierno.
Los días de celebración de la fe vienen marcados por tradición milenaria u oportunismo. Estos “artistas” blasfemadores eligieron el Viernes Santo para su evento lúdico. Imaginativos manipuladores de un mito, intentan una provocación insultante. Desconocen que el mandamiento más importante cristiano es amar a Dios y al prójimo sobre todo. Mas si el próximo año eligiesen otro día evitaríamos escrúpulos, pues ese día recordamos la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret, que dio su vida para salvar a todos, incluso a ustedes.
Ese mismo Viernes Santo a las 10.30 horas en la parroquia de sant Jaume de Algemesí se celebrará el Oficio de Tinieblas que es una preciosa celebración antiquísima recuperada gracias a los buenos oficios del musicólogo Josep Lluís Domingo y un grupo de seglares. Reconozcamos a Algemesí y su gente, el importante papel en la conservación de ancestrales celebraciones, el mérito en conservar y revitalizar la particularidad de sus tradiciones; lo que significa las del país.
Es de agradecer que renazcan festividades, que siendo generales contienen notas de marcado carácter local que las personaliza aportándoles el calor del pueblo que las reproduce. Unir pasado y futuro fortalece ese pueblo. Desde el Senia hasta el Pilar de la Horadada, hay costumbres compartidas, y al tiempo únicas: gastronomía, juegos, procesiones, cantos, viacrucis, cofradías, incluso celebraciones no tan antiguas pero que gozan del favor popular.
Celebrar localmente hace que hombres y mujeres sientan arraigo por una tierra tangible y propia, no basada en redes sociales, ni en ningún imaginario foráneo. Es su origen, donde se sienten acompañados, porque era, es, su pueblo. Eso que vamos perdiendo en la bruma de la falsa modernidad, siendo urgente que rehabilitemos, porque lo que nos hace ser humanos con personalidad propia, no rebaños anestesiados, es salvífico para un mundo que ha perdido el norte. Feliz y provechosa Semana Santa para todos. ¡Paz!
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