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Opinión | El anfiteatro

De insultos racistas en Cornellà, Vinícius... y Moacir

Si no se denuncia en bloque, sin forofismos ni colores, pasa lo que ocurrió en Cornellà: se convierte en un auténtico bochorno para todo el fútbol español. Porque entre todos se ha permitido que cale el discurso contra la inmigración magrebí

El delantero de la selección española de fútbol Lamine Yamal, durante el partido amistoso con Egipto.

El delantero de la selección española de fútbol Lamine Yamal, durante el partido amistoso con Egipto. / EFE

Apenas tenía siete años. Fue mi primer contacto con el racismo en un estadio. Y, envuelto en el halo de un Mestalla que trataba de presionar al rival, ni siquiera lo aprecié como tal. Para mi vergüenza, en aquel momento, aquel niño algo rechonchete que 33 años después escribe estas líneas, incluso celebró los gritos y coros de «uh uh uh» imitando el sonido que hace un mono cuando el balón lo tocaba un jugador negro del rival. Me parecía gracioso, me quise sumar a aquel horrendo ‘cántico’. Mucho agradezco que inmediatamente mi padre me dijera en aquel momento: «No hagas eso. Está muy mal». Y, sinceramente, aquel día no lo entendí.

El Valencia-Atlético

El partido en cuestión era un Valencia-Atlético de Madrid. Apenas era la segunda jornada de una liga en la que se estrenaba Moacir Rodrigues dos Santos, un mediocentro brasileño que recalaba ese mismo verano en el conjunto colchonero, cuyo presidente era Jesús Gil. En su primera salida fuera de casa ya fue objeto de la mofa racista. Y le afectó en el campo. Desquiciado, incluso fue expulsado por doble amarilla.

Moacir apenas acababa de llegar a España, no le había dado tiempo a ‘provocar’ como se insiste cada vez que Vinícius Junior denuncia el racismo que sufre. Y ahí quiero incidir. Racismo no es solo cuando lo sufre el nuestro, el de nuestro club, el de nuestra selección, el que nos cae bien. Racismo también es cuando lo padece el rival o el que nos cae mal. ¿Por qué creímos a Diakhaby en la infausta tarde de Cádiz ante Juan Cala? ¿Por qué tantos no quisieron creer a Vinícius cuando sufrió exactamente lo mismo en sus carnes por parte de Prestianni en Lisboa en el partido contra el Benfica?

¿Quién está detrás?

Y si no se denuncia en bloque, sin forofismos ni colores, pasa lo que ocurrió en Cornellà. Que lo que debe ser una fiesta de la selección española, favorita para el Mundial por el fútbol que despliega y próxima anfitriona mundialista en 2030, se convierte en un auténtico bochorno para todo el fútbol español. Porque entre todos se ha permitido que cale el discurso contra la inmigración magrebí que dice que «tenemos un problema». Porque se hicieron gracias con el masivo «¿come jamón?» en las redes sociales. Y no se señaló a quien lo hacía. ¿Saben que España ya jugó contra Egipto en Elx en la preparación para el Mundial de 2006? ¿Saben que aquel día a nadie se le ocurrió cantar lo de ‘musulmán el que no bote’? Pregúntense por qué entonces no, y ahora sí. Quién está detrás. Y, si pueden, si ven a un niño o niña presenciar estas escenas dantescas y retrógradas, por favor, al menos díganle: «No hagas eso. Está muy mal». En el futuro lo agradecerán.

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