Opinión
Subir el nivel
Existen soluciones técnicas para que, en caso de descarrilamiento de un tren, no invada el gálibo contrario: por ejemplo, dotar de contracarriles todos los viaductos de la red

Accidente de trenes en Córdoba. / Redes sociales
Semanas después del dramático accidente ferroviario de Adamuz, quizá es momento de ver más allá del suceso. Reflexionar, al menos, sobre el tema. Sin entrar en polémicas ni detalles técnicos sobre la causa del accidente, ni clamar sobre la simultaneidad de eventos, ya comentamos que el riesgo cero no existe en ningún modo de transporte. En cualquier caso, pese a ser el sistema ferroviario uno de los más exigentes en cuanto a seguridad, a bastante distancia del siguiente, se podría mejorar.
Se produjo un descarrilamiento de un tren, invadiendo en gálibo adyacente, todo ello en el mismo preciso instante en el que pasaba un tren en sentido opuesto. Pero ¿podría haber tenido el accidente menos incidencia? Posiblemente, si el tren Alvia circulando en sentido opuesto no hubiese caído a una trinchera de 4 metros de altura y en su lugar hubiese habido un terreno a la misma cota, no hubiera tenido la misma afección. Aun así, el interrogante esencial es antitético, ¿podría haber sido peor? Imaginemos por un momento que el accidente se hubiese producido en un viaducto, de altos vanos, como el que cruza el embalse de Contreras en la línea Valencia-Madrid. Probablemente, se hubiese caído uno de los dos trenes, íntegramente, al agua. Un nivel de incidencia absolutamente catastrófico. Con un rescate casi inviable.
La probabilidad de ocurrencia del suceso es la misma. Sin embargo, los niveles de incidencia son antagónicos. Es momento de reflexionar. Aplicar medidas correctoras a este suceso. Al menos, en aquellos puntos de la red donde, como hemos visto, los resultados podrían ser catastróficos.
Existen soluciones técnicas para que, en caso de descarrilamiento de un tren, no invada el gálibo contrario. Por ejemplo, dotar de contracarriles todos los viaductos de la red podría ser una solución. Por lo menos, en aquellos donde el riesgo se considere extremadamente alto. Analizar estos datos con las zonas de cruces de trenes también podría ser una buena acción. Es decir, dotar de contracarriles aquellos viaductos donde suelen cruzar trenes. ¿Se podría hacer extensiva la medida a todas las zonas de cruces de trenes de la red? Una propuesta interesante. En un diagrama de explotación con horario cadenciado, es relativamente sencillo identificar las zonas de confluencia. Tampoco hay tantos cruces en la ruta Madrid-Valencia, a modo de ejemplo. Por otra parte, el coste de implantación de contracarriles no es tan alto si lo comparamos con la inversión necesaria en la construcción de un kilómetro de alta velocidad.
Reducir el nivel de riesgo asociado a una incidencia posible es mejorar la red. Ideas o propuestas que pretenden ser constructivas. Algo que, lamentablemente, se está viendo poco en debates políticos o tertulias televisivas. Por extensión, en la calle. Urge subir el nivel.
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